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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

viernes, 8 de mayo de 2009

ALGUNA VEZ FUE UNA CAJA.

Hoy abrí un cofre. Guardaba grandes tesoros: dos y tres décadas entre papeles arrugados y letras borrosas, resistiendo al vértigo de las mudanzas, y a los cuatro elementos.
Viajé por el país a través de postales.
La retórica de las cartas no sólo llegaba por correo en el delicado y sedoso papel, ahora extinto.
Tampoco las confesiones.
Más de un envoltorio es testimonio de mi pasión por el chocolate.
Las mariposas blancas y los avioncitos, como ahora, volaban en las clases, con buenos deseos e interrogantes. También volaban los apellidos.
Me habían bautizado muchas veces. Aunque alguna elegí mi segundo nombre, mi tío había puesto el primero, con el artículo concordante, a una fábrica de lavandina.
Con el retorno de la democracia alguien me decía: -te quiero.
Jugué a recorrer palabras tamborileando sólo tres dedos en un antiguo y rígido teclado, y en mi refugio adolescente, que tenía la piel rugosa y verde.
Los deseos de mi abuela viajaban con la letra de mi hermana.
Quise hacer reir con mis proyectos de comedias y los sacos de mi abuelo.
Tuve más de un amigo invisible y otros tantos, visibles pero lejos de la Patria.
Las voces y expresiones venían en portugués, en "chileno" y en inglés. También los consejos y las preguntas indispensables.
Ocasionalmente lluvias torrenciales aguaron mis fiestas de cumpleaños.
Envío y recibo abrazos desde los diez, y más de una P.D en las infinitas cartas, que no siempre envié.
Alguien agradecía mi trabajo y mi poética adolescente.
Ya me gustaba la música que se hace con la voz.
Atesoraba amigos dibujantes y humoristas. Y me reía de mis caricaturas.
También intenté sin éxito dibujar rostros conocidos.
Las faltas de ortografía eran intencionales en los hermanos"deceos" y "felizidadez". Los primeros, de Navidad, llegaban siempre de la mano de las segundas, de Año Nuevo.
Y Jesús nació (y resucitó) más de una vez en mi corazón.
Regalábamos tarjetas de cartulina con la palabra viva de un monseñor... y un poeta cubano aparecía con mi cursiva poco legible.
Siempre fui una "flaquita" que me merecía"lo mejor". Será por eso que me dibujaban planos para que llegara sin dificultad a cualquier parte.
Comencé mi colección de estampillas y de autógrafos, aquellas de lugares extraños y lejanos; éstos de mis amigos de al lado.

Un sobre cerrado: una carta fechada el 3 de mayo de 1982, otro sobre estampillado y papel, para que un soldado me respondiera.
Casi diez años antes, mi primera maestra, me había regalado mi tarjeta inicial.

2 comentarios:

  1. Me encanta este blog
    lo voy a seguir mas seguido
    espero que sigas el mio
    me encantaria tenerte como seguidor
    saludos

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  2. Las palabras, esas que a vos te brotan a borbotones, a mi no me alcanzan para decirte todo lo que sacan de mi alma, aquí y allá, con risas y lágrimas confundidas.
    Algún otro cofre, seguramente, atesorará lo que hoy es presente. Y algún día lejano, cuando ya no se pueda volar muy lejos, nos enconrará a las siete a su alrededor, sobrevolando recuerdos.
    Te quiero mucho.

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