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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

lunes, 29 de marzo de 2010

Encuentro de poesía y cuento.


Hermosos momentos los vividos el sábado 27 de marzo en la casa de mi amiga narradora Ana María Oddo. En esta ocasión no tengo fotografías del evento pero ¿me creen si les digo que hubo magia? Y cada vez que celebramos la palabra se produce la "oda a la alegría"... La nostalgia tampoco estuvo ausente. Los recuerdos se asomaron por los cinco sentidos. La poesía en su auge, llenándolo todo. Presente en los seres amados, en los cuentos, en las anécdotas, en lo cotidiano, en las cosas simples de la vida, aquellas cosas que nos hacen felices. La poesía que "sale" en recorrido hacia el interior de uno mismo, definitivamente... como la hamaca de la infancia que nos ponía (o nos pone) alas. Gracias por los sabores, los deliciosos aromas, las voces, los susurros, los mitos, las canciones, la creatividad, la ternura, la humildad, el humor. Gracias por compartir en este "compartirnos".

miércoles, 24 de marzo de 2010

Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia.


LA SIRENA.
"La memoria es el hilo finito que nos enhebra desde el principio hasta final de los tiempos". Germán Amato de "Antiprincipito".


El libro cerrado,
quizás lleno del polvo de los días,
aguarda para desplegar
sus alas de mariposa...
En su cuerpo duerme
un lago de aguas quietas que espera
para encauzarse o encausarse.

La soledad, cansada tal vez,
desesperada tal vez, aguarda
para dejar de ser soledad.
En la compañía se reconforta
para, luego, seguir siendo...

En cambio la sirena,
en medio del océano,
no espera que ahora
le cubran el torso,
no quiere que le cercenen
el largo cabello
mil veces imaginado,
ni que su cauda mude
en ridículas piernas danzantes.
Desea que así sigan sus cánticos
y que, algún navegante, de ellos
y de ella se enamore.
Odia que la confundan con manatíes.

El silencio puede dejar de ser silencio.
Los labios sellados reciben la caricia
y asoma... el gemido.
La voz, brisa o ventarrón,
arremolina las hojas del otoño,
las eleva y las conduce. Salen.
La mudez es quebrada
como vara de mimbre
por las manos.
Los ojos dicen...
Mientras el silencio espera
para ser acallado,
sigue macerando su fruta.

La memoria no quiere dejar de ser...
En su mutación están el olvido... y la guerra,
lo vergonzoso y lo obsceno.

lunes, 8 de marzo de 2010

DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES.

En recuerdo de aquel 8 de marzo de 1908, cuando 128 obreras textiles de la fábrica Cotton de Nueva York fueron quemadas vivas en un incendio provocado por su empleador. Reclamaban jornadas de 8 horas, descanso dominical e igual trabajo por igual salario.

A 100 años de la declaración del Día Internacional de las Mujeres, propuesto en 1910 por Clara Zetkin, durante la II Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas, realizada en Copenhague (Dinamarca).




Taquetuyoj, taquetuyoj
cada casa una telera.
Cada telar una urdimbre
de alegrías y tristezas.
Una mujer en medio’ el monte
teje y teje, teje y teje
Una artista campesina
lucha y crece, lucha y crece.
El monte ya me conoce
porque al monte pertenezco.
Del monte son los colores
y las flores que yo tejo.
No soy mujer calladita
que vive de los recuerdos,
trazo el color de mi raza
que camina por el tiempo.
Hago mi fiesta en el monte
porque el monte me festeja
dándome pa’ trabajar
en mi oficio de telera
Soy mujer que lucha y crece
libre y dueña, libre y dueña.
Huarmi sumaj, huarmi huapa
sacha huarmi santiagueña.
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

Mario Benedetti.

martes, 2 de marzo de 2010

Ventana al corazón.

Foto Tolhuin



En el trayecto que realiza de Moreno a Mercedes el antiguamente denominado "Ferrocarril Sarmiento", existe una estación llamada "La fraternidad", nombre del sindicato argentino que agrupa a los maquinistas de locomotoras y trenes, y que ha tenido no pocas acciones desde sus principios, allá por 1897.
El cartel de dicha estación parece tan antiguo como su fundación y la última vez que lo vi recordé con gran nostalgia, valga la redundancia, algunos episodios ocurridos allí hace poco más de veinte años.
Mi evocación se remonta, pues, a mi adolescencia, etapa de la vida que ha venido a hacerse presente muchas veces a lo largo de estos últimos tiempos.
En la estación "La fraternidad" ocurría casi todos los domingos y algunos sábados, y por el lapso de apenas unos segundos, un ritual ineludible...

Viajábamos regularmente con mi hermana y una amiga hacia Olivera, la segunda estación después de Luján. Esto significa que, en un principio, lo hacíamos los domingos cada dos semanas. Luego comenzamos a ir todos los domingos. Era nuestra fiesta. Nos esperaba una tía abuela, casi siempre con ravioles o fideos caseros y otras delicias. Su hijo, nuestro primo, vivía con ella.
Pasábamos todo el día alli. Luego del almuerzo, la sobremesa nunca tenía apuro. La tarde sí parecía irse volando. Entre juegos de cartas y alguna que otra visita se nos hacía la hora de tomar el tren de vuelta.

Luego de unos veinte minutos pasábamos otra vez por "La fraternidad"...

Pero...¿qué creen que ocurría allí digno de mencionar? Pues algo tan sencillo como tierno:
nos abrazábamos, ante las miradas estupefactas de todos los pasajeros. El ritual del abrazo, la fiesta de "la hermandad" se llevaba a cabo.

Hace unos días pasé por allí y, si bien, cada vez que hago el recorrido la añoranza me tironea una sonrisa, la última vez se me estrujó el corazón y se me llenaron los ojos de lágrimas. Divisé el cartel por la ventanilla, más deteriorado que en aquel entonces y un sinfín de imágenes, voces, olores y gestos comenzaron a visitarme dulcemente. La tibieza del sol invernal entrando por las ventanillas, el mate que comenzaba ni bien el tren salía haciéndose notar desde Moreno, nuestras locas conversaciones con los guardas, las fotografías de la época por las que había que esperar el revelado que generaba una expectativa ya inexistente en la época actual, las charlas, los chistes, la amistad.

Quizás estos recuerdos estén teñidos de los sentimientos nostálgicos de hoy y por eso me parecen tan bellos, quizás irrumpen el presente un tanto idealizados, como la evocación que realiza un romántico, pero lo cierto es que, si me arrancaron una lágrima deben ser importantes.

"La fraternidad" dejó de ser para mí una estación más a partir de la ocurrencia del primer abrazo.

LA FRATERNIDAD, una estación y un nombre.
La tibieza de un recuerdo asomada a la ventanilla.
El ritual ineludible de cada domingo: nuestra misa.
El abrazo y el culto a la amistad.
El viaje hacia el interior de uno mismo.