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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

lunes, 19 de abril de 2010

Punto cadena.

...dedicado a los sastres y a las costureras que hilvanan los recuerdos...

Mientras devano la memoria
forma un ovillo la nostalgia
si la nostalgia desovillose irá ovillando la esperanza
siempre es el mismo hilo
Mario Benedetti.

Mi aburrimiento con las labores comenzó a los 7 u 8 años, cuando nuestra profesora, en el colegio de monjas, nos pedía bordar, coser y otras actividades no menos ingratas para el corazón de una niña a la que sólo le interesaba leer.
Yo no podía coser ni bordar, mucho menos tejer, no tenía ganas, no quería. Me esforzaba, sí, para confeccionar batitas para el hospital o para ofrecer un regalo a mi madre en su día. Todavía recuerdo un par de zanahorias danzarinas en un repasador, bordadas en punto yerba, justo en el medio y tironeando espantosamente de los bordes, pues nunca , en aquella época, había podido lograr que la tela no quedara horriblemente fruncida, hiciera lo que fuere para evitarlo.
Por fortuna mi escasa predisposición para dichas tareas sólo causaban gracia y una que otra burla que, francamente, no afectaban de modo negativo mi psicología pero, más de una vez, despertaban mi curiosidad, curiosidad que no siempre quedaba satisfecha.
-¿Por qué tengo que bordar?
-Porque vas a un colegio de niñas.
-¿Los niños no bordan?
-¡No! ¡Los niños no bordan!
-¿Por qué?
-Porque es una tarea de mujeres.
-¿...?

Mi recorrido en ese colegio fue bastante extenso, con lo cual, cada año aparecía el desafío al que yo le daba la espalda una y otra vez.
Durante el secundario la relación con las telas, las lanas y todo tipo de aguja se complicó, pues se podía “desaprobar” (eso nos hacían creer los primeros años) si no se realizaban las nobles tareas de la “señorita de San Nicolás”, por lo menos las dos primeras. No quería imaginarme un examen, en pleno diciembre, haciendo ruedos, bordando una manzana en una servilleta o, lo que era peor, tejiendo una bufanda. La solución no se hizo esperar por aquel entonces. Por suerte tenía y tengo una hermana mayor que heredó las habilidades para el tejido de la abuela paterna y el encanto del bordado y la costura de nuestra mamá. Las muestras de su carpeta, realizadas unos años antes, se trasladaron como por arte de magia a mi propia carpeta. En clase...bueno, en clase, que debía dar testimonio de mis habilidades gradualmente adquiridas, me asemejaba a Penélope pero en una versión post-moderna, que no esperaba, pacientemente, tejiendo y destejiendo la llegada de Ulises, sino a que se terminara “la odisea” cuando sonara, por fin, la deseada campanada del recreo.
Debo decir que no siempre resultaba desagradable la clase de labores. A veces nos dejaban conversar entre nosotras mientras que alguna hacía de cuenta que estaba perfeccionando el punto cruz; otra, que se decidía de una buena vez a bordar ese precioso caballo en el cañamazo y una tercera, que por sexto o séptimo intento ,con la de crochet, terminaba la agarradera para la pavita del mate. Porque en esto de evadir las actividades de labores tenía un buen número de aliadas.
-¡Tienen que hacer la tarea!-vociferaba nuestra profesora- sino cuando se casen no van a saber ni hacer un dobladillo, ni remendar los pantalones de sus hijos-.
Nosotras, por ese entonces, queríamos ser veterinarias y en las horas de “Labores” hablábamos de razas de perros. A ninguna se nos ocurría pensar que, en el futuro, sería indispensable aplicar esas actividades. Y las preguntas surgían con más muestras de rebeldía:-¿Por qué hay que saber “pegar” un botón?-.
¿Saben? ...ahora que lo veo mejor, a la distancia, creo que a pesar de todo me interesaban las hebras. Más de una vez tuve que recurrir, ya adulta, al punto cadena, por ejemplo, y hasta podría decir que lo fui perfeccionando en servilletas, disfraces y delantales con los nombres de mis hijos. Pero hay hebras especiales que me gustaban entonces y que en la actualidad, podría decir, me resultan indispensables. Quizás no ayuden a pegar un botón ni a hacer un ojal. Son aquellas que permitieron hoy tironear de los recuerdos, las mismas que hilvanan historias y entretejen poesías.

2 comentarios:

  1. ¡Precioso! ¡Qué dulce! Particularmente emotivo para mi especial sensibilidad de estos días.
    Abrazos.

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  2. Bellísimo Patri!!!!! Mientras te leo veo imágenes....

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