jueves, 22 de julio de 2010

Madreselva blanca y amarilla.



Esta poesía fue publicada por primera vez en diciembre de 2009. Afortunadamente dio más vueltas de las que esperaba. Salió en vuelo externo y también hacia el interior de muchos amigos que no pudieron evitar la evocación de la propia infancia con algunas imágenes. Uno de los viajes que realizó fue al Centro Cerrado de Recepción de Menores Malvinas Argentinas de Pablo Nogués, a partir de una actividad de la Escuela de Lectores Narradores Sociales de María Héguiz, cuyos detalles están descriptos en el video de Argentina Narrada. (Pueden verlo haciendo click en la foto).
Ese día de febrero les llevé el siguiente texto con dos fotos: una de "la pasionaria" y otra de "la madreselva". Les leí también la poesía...


El hecho de venir a relatar cuentos y experiencias aquí me hizo reflexionar sobre muchos aspectos de mi vida. Por ejemplo la última vez en que nuestra compañera, Nilda, trajo un texto sobre “ME GUSTA”. ¡Qué pocas veces me puse a pensar acerca de esto.. ! Inmediatamente aparecieron un sinfín de imágenes, aromas, sabores, sensaciones, músicas...
Me acordé de un texto que escribí el año pasado cuando un amigo me regaló una flor como la que aparece en la foto: pasionaria o mburucuyá... también me dijo su nombre científico al que no le presté atención, por supuesto, pues la sola visión de esa flor me despertó miles de recuerdos. Él iba por el nombre en latín y yo por la poesía de la vida, dos cosas que se complementaron muy bien en ese momento.
Una de las situaciones que rememoré es que, cuando era pequeña, pensaba que la pasionaria y otra flor, la madreselva, pertenecían a la misma planta. ¡Es que se enredaban tan bien en el alambrado! Con el tiempo se me antojó un romance entre ellas...
Lo cierto es que el “aroma” y el “sabor” de la madreselva todavía no se me va, ¡como tantos otros recuerdos!

"Si todos los años tus flores renacen ¿por qué ya no vuelve mi primer amor?"
Luis César Amadori.
(click en la foto para ver y escuchar el video del relato de la experiencia en el centro cerrado de menores por los integrantes de E.L.N.S de María Héguiz...)

No es sólo una imagen, no es sólo una flor. Es el romance del alambrado y la pasionaria, y es el perfume de la brisa del verano. Es el sonido de la siesta y el sabor a néctar en los labios.

Es el abuelo, el dominó y la mesa hecha con tablones bajo la sombra de los paraísos.

Es la lagartija que pierde la cola y se escabulle entre la herrumbre del colectivo abandonado.
Es el revuelo en el gallinero, la pila de ladrillos y el verdín que despierta la curiosidad.

Es el amigo de la infancia y la rosa bajo la ventana, y es el primer estudio de Botánica arrancando plantas de raíz.

Es la hamaca que nos pone alas y el monopatín tempranamente oculto.

Es la reunión de primos bajo la mesa de Navidad, el chiste repetido de cada año, la confusión de los nombres y la ensalada de frutas.

Es el olor a cigarrillo y la mano largamente escondida, y es el Bram Metal en las tardes de invierno. Es el paraguas, la escapada de la siesta y la hilera de caracoles.

Es el saludo del Tata Dios y el insectario prohibido por el abuelo. Es la foto en blanco y negro y aquel cumpleaños.

Es la enredadera otra vez, el descubrimiento... y la risa...el agua olvidada de los renacuajos y el misterio del galpón.

Es el ñandú del vecino, la lluvia de piedras, el luminoso vuelo de pájaros y el beso en la frente.
Es la sirena de los bomberos y el grito del chajá.
Es el piso crujiente de madera y el cajón del aparador. Es la parra y la oruga.

Es el chocolate de pascuas, la pollerita tableada y el flequillo de moda.
Es el mantel floreado de hule y las paredes con pintura verde del "ferrocarril".

Es la noche estrellada...y el abrazo.
Es la caminata nocturna, la espera en los latidos y el beso de los postigos...

Es la fuga a la casa de enfrente.

viernes, 9 de julio de 2010

Titiritera Sarah Bianchi.


La titiritera Sarah Bianchi, toda una impulsora de esa disciplina a nivel mundial, con más de 60 años de trayectoria, reconocida y premiada tanto en el ámbito nacional como internacional, falleció el 6 de julio por la mañana en Buenos Aires a los 88 años. Sus restos fueron velados en el Museo del Títere (Piedras 905), ámbito que fundó el 5 de noviembre de 1983.
Bianchi nació en la ciudad de Buenos Aires en 1922, fue profesora de Letras y ocupó distintos cargos docentes en el Teatro Nacional de Títeres, además de haberse dedicado a la actividad periodística y literaria. La creadora recorrió el mundo mostrando el arte titiritero porque, fundamentó, "elegí el títere porque reúne las partes artísticas que me han interesado siempre y las reúne todas juntas”.
Siguiendo ese camino, en 1947 y junto a su compañera Mané Bernardo, fundó su propio Teatro de Títeres desde el que realizó largas temporadas de labor teatral y artística. Bianchi participó en todas las emisoras de radios, canales de televisión del ámbito nacional además de realizar funciones en las principales salas de teatro de todo el país y una gira en el exterior patrocinada por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Dentro de los premios recibidos a lo largo de su carrera, es de destacar el "Konex” a las 100 mejores figuras del espectáculo, también la "Faja de Honor” de la Sociedad Argentina de Escritores y el Pablo Podestá a la Trayectoria Honorable, otorgado por la Asociación Argentina de Actores.
En 2007, el Instituto Nacional del Teatro reconociendo la gran labor de la titiritera, publicó "Teatro, títeres y pantomimas” que contiene sus obras completas. Bianchi fue un ejemplo de perseverancia, pasión y amor hacia la figura del títere, una de las representaciones más antiguas del espectáculo.
(Télam)

María Héguiz dice de Sarah...
Ayer pasó un ángel, sí, fue en el velatorio de Sarah Bianchi, donde ella había dejado instrucciones precisas para acompañar este momento. Estar descansando en lo que fue la tarima de la representación de sus títeres. A su lado, una rosa blanca y una roja.
En sus pies, una corona de laureles. Y en su costado, su títere, Lucecita. Y un escrito con sus palabras:

Ufa! Llegó la hora y ya me tengo que ir.
¿Les gustó la música?
Son temas que me han acompañado.
Ahora me tengo que meter en un cajón.
Yo siempre lo hice doblándome en pequeños baúles, pero las reglas son las reglas.
Y esta vez las voy a respetar.
Veremos como me va.
Lástima que ya no se los podré contar.
Un beso a todos.
Chau.

P.D.: Si quedó vino, espero un último brindis.

Sarah Bianchi y Mané Bernardo fueron maestras, no solo en su arte, sino en su vida.

Gracias a las cátedras que en mis comienzos ellas me otorgaron en la Universidad del Salvador, en el Instituto Suma y en el Instituto Vocacional de Arte Infantil, pude iniciar, con su invalorable formación, mi metodología de trabajo que hoy desarrollo en mi escuela.

Gracias, porque hoy están presentes en mí, y son la proyección de lo que hago.

María Héguiz

viernes, 2 de julio de 2010

De indiferencias e infidelidades.

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Haga como si nada hubiese pasado.
Un hombre discute acaloradamente con su esposa. En realidad es ella la que eleva su temperatura corporal reprochando, despotricando y gritando. Que los hijos, que la indiferencia, que su amante, que la mascota, que la pintura descascarada en toda la casa, que las colecciones que ocupan todos los espacios, que el baño mojado, que las toallas fuera de su sitio, que el dinero malgastado, que la suegra con la oreja útil pegada a la puerta...
El hombre comienza a escuchar el enérgico discurso de su esposa. Exactamente cuando ella va por la décima palabra, un sopor incontrolable se apodera de él. Los chillidos de la mujer se han metamorfoseado en acariciante canción de cuna. El hombre baja los párpados y emite, similar a una letanía, un ronquido, el primero en la sucesión infinita que acompañará las horas de penumbra y profundidad.
Cuando despierta, luego de seis horas, se halla renovado. La Providencia se ha encargado de que sueñe bonito, de que la música de su grupo favorito lo acompañe hasta el preciso momento en que decide levantar nuevamente los párpados.

Ahórrese las flores.
Un hombre sale puntualmente de su oficina. Pasa por el puesto de flores y compra un ramo bien colorido para su esposa. Cuando en la intersección de dos avenidas se produce un embotellamiento, baja rápidamente del taxi y camina las cuatro cuadras que le quedan para llegar a su casa. Mientras sube al primer piso se percata de que él vive en una planta baja. Se le nubla la visión, se confunde. La escalera y el pasillo le resultan, de todos modos, muy familiares. Un aroma de glicinas le despierta todos los sentidos. Recuerda al amigo que mantiene desde la más tierna edad. Se da cuenta de que en realidad ha llegado hasta la puerta de la casa de éste. Una alegría imprevista se apodera de él cuando escucha los pasos que se dirigen a atender su llamado, reconoce en ellos unos tacones de juventud...
Es ahora el olor a alcohol etílico el que lo hace recapacitar. Está recostado en el sillón. Alguien le aflojó la corbata y le quitó los zapatos. Las flores que traía consigo están dispuestas prolijamente en un jarrón. Su esposa está frente a él. Ha cambiado considerablemente su aspecto físico desde que se despidió de ella esta mañana.
-No era necesario el ramo, querido-, dice la mujer e inmediatamente aparta los muñequitos y le corta una porción de su flamante pastel de bodas.