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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

martes, 10 de mayo de 2011

Desde el fondo.


Se preguntó por qué y para qué hacía las cosas.
No sólo lo cotidiano, sino también lo que parecía más importante o trascendente.
¿Cuál era el sentido? Si al día siguiente o al otro no iba a estar más en este mundo. "Ni en este mundo ni en ninguno", le dictaba su pensamiento.
Cuando abrió la puerta se encontró con un sol que no esperaba. Era mayo y por ese mes el frío ya comenzaba a sentirse. Sin embargo, la tibieza de la mañana le acarició el rostro y la hizo regresar por sus lentes. -Tal vez éste sea un buen motivo para sonreir- se dijo sin demasiado entusiasmo.
Anduvo el camino de todos los días. Se cruzó con los vecinos de siempre y hasta tuvo el mismo pensamiento de cada mañana cuando pisó la vereda intransitable de la esquina.
Todo igual al día anterior y, con seguridad, al siguiente... Excepto el sol tibio...
-Es sólo un mal día- se repetía cada tanto para darse fuerzas.
Se acordó de una película de ciencia-ficción en la que un grupo de personas tiene la responsabilidad de salvar el mundo ante la inminente caída de un meteorito. En uno de los episodios, los protagonistas recostados en el pasto juegan puerilmente con galletitas con forma de animales, se ríen y conversan acerca del sentido de la vida. La muchacha le pregunta a su novio si creía que alguien, en alguna otra parte, estaría haciendo eso mismo... Entonces él, con mucha ternura, le contesta:-Si no fuera así... ¿qué estaríamos salvando, entonces?.
Ese recuerdo le arrancó otra sonrisa, más que nada porque la película no le había gustado demasiado aquella vez y le parecía divertido que le viniera a la memoria un episodio de la misma.
Cuando llegó a la vereda del único edificio que interrumpía en lo alto ese cielo extrañamente diáfano de otoño, alguien llamó su atención. Desde la entrada, una voz entrecortada le hizo un pedido:-Señora, ¿me alcanza el pincel?-.
Se volvió. Entonces vio a un joven con un pincel en la boca que, en una silla de ruedas y frente a una mesita colocada a la altura del torso, pintaba, con colores muy vivos, un lienzo blanco.
-¿Me lo alcanza, por favor?- repitió en un tono más amable mirando el piso. -Cada tanto se me caen...-aclaró.
Ella levantó el pincel y ante la indicación del joven lo colocó en una lata que tenía colgada de su cuello.
-Gracias. La verdad... no puedo quejarme, me halle en este edificio o en otro, cada día hay alguien amable que me ayuda con mis pinturas- dijo el muchacho y le preguntó: -¿Le gusta?.
-Sí, está muy lindo. Aunque yo le pondría más verde por aquí y por aquí-dijo ella señalando la parte inferior de la tela.
-¡Ah! ¡Yo también le pondría! ¡Si no fuera porque hace un rato se cayó por el piso todo mi verde!...¡Y mi azul!...¡Y mi amarillo!-exclamó el joven y largó una risa contagiosa que le hizo caer el pincel que apretaba entre los dientes.
Ambos rieron. Ella le alcanzó el pincel caído y recién cuando se acercó un poco más pudo leer la frase que, en el lienzo, estaba escrita con mucha delicadeza alrededor de una nube, en un cielo diáfano como el de esa mañana de mayo: "La vida no es significado, la vida es deseo" Charles Chaplin.
-Mi deseo es ser pintor- dijo él adivinando su pensamiento.
-Y yo creo que estás trabajando muy bien para ello...
Pero no fue lo único que creyó esa mujer el resto de la mañana... y del día...y de cada día que volvió a conversar con el muchacho. Estaba segura de que algo le había sido revelado. Justo en el umbral de ese edificio y en el de su madurez un joven le expresaba, desde lo más hondo, el verdadero sentido de la vida.

1 comentario:

  1. Me han gustado: argumento, la secuncialidad, la cita de Chaplin y el fondo del asunto. Un placer leerlo. Abrazo cómplice.

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