domingo, 17 de julio de 2011

La bendición de los colibríes.


Esto pasó hace diez años, cuando nuestros hijos eran muy pequeños, y durante dos primaveras seguidas...
Unos colibríes construyeron su nido en un arbolito del patio de la casa. Pendía, de una de las ramas más débiles de un ficus, una especie de bolsita apenas un poco más grande que la tapa de un envase plástico, pero mullida de hojas y plumas. ¿Cómo podía ser? Es que la debilidad de las ramas no permitía subir a ningún depredador, al menos de los existentes en este barrio.


Al año siguiente, para la misma época aparecieron nuevamente, otros colibríes, supongo...
Reconstruyeron un poco el nido, lo acondicionaron, ya que las lluvias del otoño y del invierno lo habían dejado maltrecho.


Sentí entonces que este hogar era bendecido con la presencia de esos seres diminutos, inquietos, que, antaño, durante mi infancia, habían despertado más de una fábula... Sentí que confiaban en los niños de la casa, que, si bien, estaban exultantes por el hecho y por la curiosidad fueron los que mejor los entendieron y protegieron. Nunca hubo tanto silencio en ese patio... Sólo el leve ruido del disparo de la cámara fotográfica. Porque no podíamos evitar obtener ese testimonio.



La segunda vez logramos seguir, inclusive, el proceso de vuelo de los pichones. ¡La maravilla!
Me digo, me pregunto... ¿dónde están los pájaros ahora? ¿dónde anidan? ¿dónde festejan el ciclo de la vida en esta ciudad terca de ruido y cemento, cuando sabemos que en estos mismos parajes abundaban las aves?
Muchas veces me despierto pensando en los colibríes, aún en invierno...

"...pájaro que se posa poema esperado" Juan Cunha.


A veces me despierto pensando en colibríes:
en la inmensa vida de sus diminutos cuerpos,
en la genuina libertad de sus ligeras alas.

A veces, en invierno, recuerdo la tibieza vital
con que han honrado mi casa.
Un nido pequeño que se iba ensanchando
para comodidad de sus huéspedes.
Un ir y venir con alimento,
y el silencio profundo de la siesta.

A veces, la lluvia, revive en mí
el deseo de un nuevo canto,
las ansias de una primavera esencial.
Y añoro a los colibríes:
a los de la infancia
que despertaban cuentos y leyendas;
a los del ayer inmediato... los mismos,
que bendijeron mi hogar
y crearon más historias.

¿Qué corazón los cobijará mañana
de las inclementes manos
en esta ciudad escasa de flores
y terca de ruidos y cemento?



6 comentarios:

  1. Me has emocionado con tu encanto vital, narrativo, visual, poético...Ya volverá la primavera, el sol y nuestros cómplices modos de encarnar la palabra. Saludos afectuosos.

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  2. Patri, hoy abro el blog y me encuentro con este regalo del Día de Amigo. Cómo no agradecer tanta belleza, tanta ternura, tan delicado vuelo poético. Lo imagino leído en tu voz y sigo soñando.
    ¡Gracias!

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  3. Me sentí emocionada al leer tu experiencia ,tan parecida a la mía .A pesar que yo no conseguí fotos tan bellas de esos increíbles momentos , todos en casa lo intentamos ...GOLOSO (así bautice al picaflor que vive en mí jardín) y su familia nos hicieron vivir día a día una experiencia única !!!!

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    1. LUCERO: seguramente las fotos las tenés atesoradas en tu corazón. ¡Qué vivencia tan bella ver a esos pequeños revoloteando por nuestros hogares! Abrazo grande y gracias por el comentario.

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  4. Hermosisimooo.. Me llegó pues lo viví... Y me enamore tanto...

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  5. Hermosisimooo.. Me llegó pues lo viví... Y me enamore tanto...

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