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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

lunes, 26 de diciembre de 2011

Una de trenes...

Foto Tolhuin

Esta anécdota la escribí hace unos años. Y mientras espero una nueva inspiración para el taller cómplice que tenemos con Ana María Oddo y Gustavo D'Orazio, vuelvo a compartirla, ya que de trenes se trata. Espero les guste. En aquella ocasión la denominé "Ventana al corazón". (La fotografía y la dedicatoria fueron agregadas recientemente)

A la tía Isabel, que en las palabras de despedida del domingo a la tarde incluía las circunstancias del domingo siguiente. A Carlitos, que se fue demasiado temprano pero nos dejó un inmenso legado de amor y ternura. A Adriana y a Silvia, por el rito.



En el trayecto que realiza de Moreno a Mercedes el antiguamente denominado "Ferrocarril Sarmiento", existe una estación llamada "La fraternidad", nombre del sindicato argentino que agrupa a los maquinistas de locomotoras y trenes, y que ha tenido no pocas acciones, algunas de más conflictivas, desde sus principios, allá por 1897.
El cartel de dicha estación parece tan antiguo como su fundación y la última vez que lo vi recordé con gran nostalgia, valga la redundancia, algunos episodios ocurridos allí hace poco más de veinte años.
Mi evocación se remonta, pues, a mi adolescencia, etapa de la vida que ha venido a hacerse presente muchas veces a lo largo de estos últimos tiempos.
En la estación "La fraternidad" ocurría casi todos los domingos y algunos sábados, y por el lapso de apenas unos segundos, un ritual ineludible...

Viajábamos regularmente con mi hermana y una amiga hacia Olivera, la segunda estación después de Luján. Esto significa que, en un principio, lo hacíamos los domingos cada dos semanas. Luego comenzamos a ir todos los domingos. Era nuestra fiesta. Nos esperaba una tía abuela, la tía Isabel, casi siempre con ravioles o fideos caseros y otras delicias. Su hijo, nuestro primo, Carlitos, vivía con ella.
Pasábamos todo el día allí. Luego del almuerzo, la sobremesa nunca tenía apuro. La tarde sí parecía irse volando. Entre juegos de cartas y alguna que otra visita se nos hacía la hora de tomar el tren de vuelta.

Luego de unos veinte minutos pasábamos otra vez por "La fraternidad"...

Pero...¿qué creen que ocurría allí digno de mencionar? Pues algo tan sencillo como tierno:
nos abrazábamos, ante las miradas estupefactas de todos los pasajeros. El ritual del abrazo, la fiesta de "la hermandad" se llevaba a cabo. Pues eso era lo que para nosotras significaba el nombre de la estación.

Hace unos días pasé por allí y, si bien, cada vez que hago el recorrido la añoranza me tironea una sonrisa, la última vez se me estrujó el corazón y se me llenaron los ojos de lágrimas. Divisé el cartel por la ventanilla, más deteriorado que en aquel entonces y un sinfín de imágenes, voces, olores y gestos comenzaron a visitarme dulcemente. La tibieza del sol invernal entrando por las ventanillas, el mate que comenzaba ni bien el tren salía haciéndose notar desde Moreno, nuestras locas conversaciones con los guardas, las fotografías de la época por las que había que esperar el revelado que generaba una expectativa ya inexistente en la época actual, las charlas, los chistes, la amistad.

Quizás estos recuerdos estén teñidos de los sentimientos nostálgicos de hoy y por eso me parecen tan bellos, quizás irrumpen el presente un tanto idealizados, como la evocación que realiza un romántico, pero lo cierto es que, si me arrancaron una lágrima deben ser importantes.

"La fraternidad" dejó de ser para mí una estación más a partir de la ocurrencia del primer abrazo.

LA FRATERNIDAD, una estación y un nombre.
La tibieza de un recuerdo asomada a la ventanilla.
El ritual ineludible de cada domingo: nuestra misa.
El abrazo y el culto a la amistad.

*
*
*
*
*

El viaje hacia el interior de uno mismo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Al Bachi....

Las seis de la tarde,
relativa hora del reloj,
simbólico momento
del turno vespertino.
Hora del encuentro, la palabra, el abrazo;
mágica hora, la verdadera.
Allí donde antes, un pastizal y algunas ruinas
hay un parque, ahora;
en el lugar donde los colores reviven,
aún en invierno;
donde las semillas, esas que parecen
acunarse en el hueco de la tierra,
se riegan con las lágrimas;
las inevitables por fecundas,
las ineludibles por combatientes, lágrimas.
Allí y aquí, en el escenario de un canto nuevo,
de la plegaria que brota de los labios
y de las manos.
En este planeta que crece
con pisotones, caricias,
brazos en alto, con el buen y el mal humor,
el susurro y el grito, el fuego y el agua.
Aquí, donde un pájaro traído por el viento
de la memoria nos habla al oído,
nos dice, nos alienta, nos trina.
Aquí, están ellos y ellas
con la herramienta más poderosa,
con la sangre como un río,
con la piel herida,
y curando las heridas
de los otros,
con la sonrisa levantada,
evocando
reclamando
cosiendo
cocinando
construyendo
limpiando
amamantando
llorando
riendo
estudiando
golpeando puertas
pintando calles
habitando luchas
defendiendo la vida.



Otoño, seis de la tarde.
El cielo se desangra.
Y eso es un presagio. 
(Escrito en las retinas,
camino a Luján)
Mayo de 2012




miércoles, 21 de diciembre de 2011

Triálogos prenavideños.

Breve y emotiva fue la última presentación del año de Triálogos (Ana María Oddo, Gustavo D'Orazio, Patricia Morante) en un Espacio en el Arte Domus, en Castelar el sábado 17 de diciembre.
Esta vez Miguel Tizziani acompañó con guitarra y voz a Ana María en su maravilloso relato "Casas de lata".
Hubo confidencias, consuelos, pactos, reafirmaciones de fe, reyes magos, regalos y mucha magia... Era de esperar.
Los poetas-narradores-trialogantes afirmaron que están felices por lo realizado en 2011 y que ya están proyectando actividades para el año bisiesto.

¡VIVA LA POESÍA Y LOS DÍAS FELICES QUE TRAE!

domingo, 18 de diciembre de 2011

Poema de domingo.



Un domingo de éstos
voy a volver
a las mañanas de sol
y a la espera de la reunión
familiar.

Me tomaré el tiempo
suficiente y recordaré
los chistes de los grandes
y las risas indescifrables
de otra época.

Volveré a las preguntas
de las respuestas
a anteriores preguntas y,
si queda un minuto, le haré
decir a la abuela la receta
secreta de la comida
que mejor le sale.

Un domingo de éstos
volveré a perder el tiempo
en la hamaca o debajo
de la mesa.

Me disfrazaré de nuevo:
me echaré encima un traje
de persona grande,
como en aquellos tiempos;
o de niña... o de hada
para que sea más fácil
volver.

Un domingo de éstos...
cuando repare la bici
iré a dar la vuelta
a la manzana
y, justo en la esquina,
doblando la calle
cambiaré una mirada
por una sonrisa.

Un domingo de éstos
voy a comprar
una bolsa de caramelos,
y con ese tesoro dulce
iré a habitar
la sombra del paraíso.

Un domingo de éstos
voy a volver a la infancia.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Juancito, mi papá.(1933-1994)

...Hoy hubieras cumplido años...


Una pasión de juventud:
las bicicletas de carrera.

Un trabajo de casi cuarenta años:
el colectivo.










1935





¡GRACIAS, PA!

martes, 13 de diciembre de 2011

Confidencia.


A veces espero
en la quietud perturbadora
del estanque
en la herida
de la tarde
en las aspas
de la medianoche
en el ojo cerrado
de la luna
en el cielo recortado
de noviembre
en los pliegues vespertinos
del anhelo
en los recovecos inusitados
de la penumbra
alegre y sencillamente
espero

A veces quiero
en el deseo plantígrado
de la tierra húmeda
en la inquietante soledad
del cenit
en el nombre y la pregunta
desvestidos
en los bordes difusos
del desconcierto
en el rito incesante
de la palabra
en los sinuosos escondites
de la plenitud
en el halo ceremonial
del silencio
inesperada y claramente
quiero

A veces deseo
en el sueño simulado
de lo montaraz
en el sabor oscuro
de lo incierto
en el rasguño avizor
del alba
en el secreto hundido
de la muerte
en la lluvia vital
del sauce
en la antesala
del salto al vacío
en el febril anuncio
de la siesta
ahogada y profundamente
deseo

A veces sueño
en el umbral
del desvelo insoslayable
en el vasto río
de la evocación
en la languidez
de los párpados
en la parsimonia
de la última luz
en el fulgor sereno
de las hojas
en la sombra prestada
del paraíso
en el instante abrasador
de la respiración contenida
audaz e impetuosamente
sueño.

A veces...
a veces vivo.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Cantata de Puentes Amarillos.

Puente bajo la lluvia. Vincent Van Gogh.



Todo camino puede andar
Todo puede andar...
Con esta sangre alrededor
no sé que puedo yo mirar
la sangre ríe idiota
como esta canción
¿ante qué?

Ensucien sus manos como siempre
Relojes se pudren en sus mentes ya

y en el mar naufragó
una balsa que nunca zarpó
mar aquí, mar allá

En un momento vas a ver
que ya es la hora de volver
pero trayendo a casa todo aquél
fulgor
¿y para quién?

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover

sube al taxi, nena
los hombres te miran
te quieren tomar
ojo el ramo, nena
las flores se caen, tienes que parar
Ví las sonrisas muriendo en el
carrousell
Vi tantos monos, nidos, platos de
café
platos de café, ah

Guarda el hilo, nena
guarden bien tus manos
esta libertad
ya no poses, nena
todo eso es en vano
como no dormir

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo el tiempo por pasado fue mejor
mañana es mejor

Aquellas sombras del camino azul
¿dónde están?
yo las comparo con cipreses que ví
sólo en sueños
y las muñecas tan sangrantes
están de llorar
yo te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar

¡No! nunca la abandones
¡No! puentes amarillos
Mira el pájaro, se muere en su jaula
¡No! nunca la abandones
Puentes amarillos, se muere en su jaula
Mira el pájaro, puentes amarillos
Hoy te amo ya
y ya es mañana
Mañana
Mañana
Mañana

LUIS ALBERTO SPINETTA- PESCADO RABIOSO