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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

sábado, 18 de febrero de 2012

COMBATE CON LA NOSTALGIA.

Primer round.

Otra vez tiene Amelia esa foto descolorida entre sus manos. No importa dónde la guarde, si en el primer cajón, si dentro de un libro, si en el cofre de madera; la foto, cada tanto, vuelve a encontrarse con ella.
Le da una mirada rápida, de soslayo, al principio, hasta que se detiene en el bigote que él se recortaba tan prolijamente. Y sube hacia su cabello, revuelto por el aire caliente del verano. Suspira.
Era en la plaza, por la tarde, en ese banco que tantas veces los escuchó reir.
Ahora es el nudo en la garganta.
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Sepia.
Inquietas palomas compiten
con la ingenuidad de su vestido.
La mano del joven
asoma por su cintura.


Segundo round.

Cierra los ojos. La imagen descansa sobre su pecho.
El viejo aromo que todavía alfombra de amarillo el parque. A la derecha la pérgola colmada de inolvidables glicinas.
Un perfume más cercano inunda sus recuerdos.
Asoman gotas luminosas al balcón de sus ojos.
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El aromo perfumando la tarde.

Tercer round.

Gritos y risas de niños que pasan corriendo.
Un auto se detiene frente a ellos. El conductor saluda con un gesto de su mano. Es el amigo que cenó con ellos el domingo. El ruido del motor no evita que se escuche esa música de moda.
Ahora es el contacto del prolijo bigote en su oreja derecha.
Busca un pañuelo en sus bolsillos.
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Un jazz escapa de una ventanilla...
El susurro, de sus labios.




Cuarto round.

Él le trajo duraznos, perfumados y sensuales duraznos. Ella le ofrece ese chocolate que tanto le gusta. Conversan largamente de frutas, golosinas y repostería.
No puede evitar un leve gemido.
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Textura de fruta de estación
y sensualidad de chocolate amargo.



Nocaut.
Se abrazan tiernamente. Él le acaricia las mejillas y ella le peina con los dedos el cabello.
El viejo fotógrafo de la plaza vuelve a ofrecerle sus servicios. Esta vez dicen que sí. Por algo, ella se ha puesto el vestido que tiene ese vuelo tan bonito. Por algo, él se esmeró como nunca frente al espejo.
En una pose rápida él atrae a Amelia hacia su cuerpo con la mano en su cintura.
El disparo de la cámara fotográfica ahuyenta a las palomas.
Nuevamente la humedad salada en la foto.
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La mano en su cintura...
trémula.



"...la única nostalgia es de tu piel..."
Mario Benedetti.


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Escrito por Patricia Morante en complicidad con
ANA MARÍA ODDO y GUSTAVO D'ORAZIO en febrero de 2011. Como se trata de un título "melancólico" programo su publicación para el 2012... A ver qué pasa.
Castelar, 18 de febrero de 2011, a horas de una tarde feliz.

Están invitados a seguir recorriendo...

domingo, 12 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

Lluvia.

Disculpen que insista
pero a veces la lluvia
no moja,
enciende.
Y no hablo de los 40°
a la sombra en Buenos Aires
ni del consecuente chirriar de las gotas
en el tórrido asfalto .
A veces, la lluvia,
nos toca apenas al oído;
nos susurra en la piel;
se nos enreda en el cabello
como suelen hacerlo
los dedos de la luna.
Entonces, nos eriza de luz.
Cada porción de lluvia
que toca la tierra se levanta
en una mano que nos invita.
Y ahí vamos, descalzas
sobre luz y humedad,
despojadas de toda inútil añadidura,
de la mano de la lluvia.

De ritos, circo y alegría.

Hace tiempo reflexiono y escribo acerca de los ritos: de la pérdida de los mismos, de cómo nuestras ansiedades nos hacen postergar simples celebraciones que nos reconfortan, y de cómo nosotros mismos nos perdemos en esas pérdidas y postergaciones. Algo sencillo como pelar una mandarina y llevarla a la boca gajo a gajo. (Siempre cuento que uno de mis ritos es comprar esta fruta a unas cuantas cuadras de casa para ir comiendo por el camino).
La celebración de un rito siempre es una primera vez, se me ocurrió un día. Es decir, para hacernos sentir plenos es bueno llevar adelante un rito como si fuera cada vez la primera.
Tuve una revelación-síntesis de mis reflexiones en un espectáculo circense por de más agradable y mágico, en San Marcos Sierra, provincia de Córdoba. Un poeta***, invitado por amorosos payasos, recitó un bello texto que hablaba de las "primeras veces", del disfrute, de la imaginación... en fin, de la poesía de la vida. Expresó, sencillamente, que "hay muchas primeras veces".
Me dije: -¿Por qué disfrutar las cosas como si fuera la última vez, como se escucha decir habitualmente? Hagámoslo como la primera o mejor: "hagámoslo como una de las tantas primeras veces".

Esto pensaba mientras transcurría el espectáculo y tomó más sentido cuando, para mi sorpresa, fui elegida por un payaso para participar de la puesta en escena. Buscaba una espectadora que pudiera dar fe de su "corazón de niña". No fueron difíciles las dos primeras pruebas que tenían que ver con la espontaneidad que creo llevar en mí...
La tercera prueba era saltar tres veces seguidas a la soga. Un juego de la infancia, un rito también...

El asunto se me complicó considerando que hace muchos años que no salto a la soga...Y a la vez se me simplificó y se fusionó a mis cavilaciones porque fue como la primera vez que saltaba.
Aquí interrumpo mi reflexión para que ustedes puedan hacer la suya si lo desean, sólo me queda decir que llevé con orgullo mi nariz pintada de rojo durante algunas horas.

  
Una vez es la primera. Alejandro Raymond.***

Yo nací

y aunque parezca increíble

todos los que escuchen esto hicieron eso,

no importa si no se acuerdan.
Nací, salí del útero

y en mis creencias

eso se hace sólo una vez:

la primera vez

y si bien es la única

es la primera

y ningún bebe terco dice:

no puedo hacerlo,

nunca lo hice.

Se nace, si uno tiene suerte

y una es niño y está todo por hacer:

la primer foto, el primer llanto,

la primera teta, el primer sueño,

todo lo que es primero fuera de la panza

y el mundo esta lleno de primeras veces

y uno ni cuenta se da.

El primer reto, la primera mentira,

la primer gran cagada,

para todo hay una primera vez

y es normal que así sea.

Pero el tiempo pasa

y uno se va acostumbrando a la vida

y cuando uno nunca hizo algo

dice que no sabe y listo.

El mundo se vacía de primeras veces

hasta que nos distraemos

y de repente miramos el cielo por primera vez,

nos enamoramos por primera vez,

comemos banana con cebolla por primera vez

y por primera vez

vemos que el mundo está lleno de primeras veces

y brindamos,

brindamos con el mundo

y nos damos cuenta de que parece mentira,

pero es la primera vez.















sábado, 4 de febrero de 2012

Otro andén.



Estoy en el Paseo de la Vida, a un costado de la estación Caballito.
Es un espacio cercado, enrejado, en el que hoy corre una brisa bastante agradable como para ser las tres de la tarde de un verano caluroso por de más.
Cada diez o quince minutos el sonido de una campanilla anticipa la llegada de un tren que parece arremeter contra la tierra.
A mi alrededor hay una buena legión de zorzales que dialogan mientras hunden el pico en la tierra húmeda que les dejó el cuidador.
Me encuentro sentada en un banco verde oscuro y me acuerdo de mi abuelo que había pintado así la pared de su cocina, es decir, de "verde del ferrocarril", como lo llamaba.
No muy lejos se despierta un taladro y, un poco más allá, el tránsito.
Estoy debajo de una pérgola. La sombra de las glicinas me protegen del sol estival. De vez en cuando cambio de ubicación para que el sol estival me proteja de las sombras.
Llegué a esta ciudad para buscar un libro que encontré gracias a las herramientas de la tecnología actual. Una obra de Gabriela Mistral, "Motivos de San Francisco", para regalar a un amigo.
Terminé de leerlo ahora mismo y por eso estoy escribiendo, porque me ha parecido que las rosas que nombra la poeta chilena coinciden con las de la plaza.

Mientras miro en diagonal cómo alguien duerme la siesta, a mis pies, unas palomas esperan que les convide de mi manzana.
Exactamente seis edificios, uno al ladito del otro, interrumpen el cielo diáfano.
Me pregunto por la fundación de este paseo, por su nombre. Puedo deducir que el espacio perteneció al ferrocarril. Recorro un poco el lugar y hallo la respuesta.

Ahora estoy en otro banco y miro hacia las vías escuchando el tren que parece chocar contra los rieles. Frena. Un gran número de pasajeros apresurados desciende y se desparrama para volver a formar una hilera que los conduce hacia la única salida posible.
Hay dos "Santa Rita" que enmarcan la escena que veo detrás de la reja, y, de este lado, en medio de ellas diviso una placa que me ofrece la información buscada...

El sitio como paseo existe desde 2001 en homenaje al doctor René Favaloro.
Pienso un largo rato y me cuesta seguir escribiendo. Me invaden preguntas y paradojas que parecen no tener que ver con la inauguración de la plaza.
Y un descubrimiento más: al pie de las flores magenta, un mosaico con la figura de la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz 1979.
Entonces vuelvo a reflexionar sobre la lectura de Gabriela Mistral y "el Loco de Asís"...



En el homenaje, los zorzales y la Santa Rita se celebra el ciclo de la vida.


PASEO DE LA VIDA

Homenaje al
Doctor RENÉ FAVALORO
12-7-1923.........29-7-2000

Escrito y fotografiado el 13 de enero de 2012.

viernes, 3 de febrero de 2012

Feria del Libro Independiente.


Durante la mañana, por la tardecita o a la noche;
en la plaza del pueblo, en una biblioteca popular o a la vera del río;
con viento despeinando velas, con calor implacable o con las primeras gotas de lluvia;
antes del baile o durante un recital;
con turistas recorriendo el lugar y vecinos que salían a ver qué pasaba;
con conocidos que celebraban y desconocidos que se hacían amigos;
con poesía, cuentos, novelas y ensayos...
con micrófono abierto; con la radio del lugar;
con tablones, caballetes, mesas, cajones;
comiendo fruta de estación, pan casero y tomando mate;
conversando con lectores, escritores, vendedores, payasos y músicos;
riendo, protestando, leyendo...
se llevó adelante, en la provincia de Córdoba, la Feria del Libro Independiente... (FLIA)

Una experiencia maravillosa, con la que quedamos todos agradecidos.





Fotos Tolhuin




Fotos: http://hecate.com.ar/sms2012/

Foto Tolhuin.