sábado, 28 de abril de 2012

Durmiente.

A veces pienso en él,
sobre todo en otoño,
cuando es natural
que ocurra
lo que ocurre
en otoño:
el denuedo
porque no se apaguen
del todo los atardeceres;
el aleteo de las hojas,
desafiando
la ley de gravedad
y el afán por amortiguar
las caídas inevitables.
A veces pienso en él,
con su historia única
contada a jirones,
su palabra desesperada
manoteando la tabla,
las nervaduras elocuentes
de su espalda y de sus brazos.
Pienso y lo veo
descascarándose,
desenmascarándose,
quitándose una a una
las capas,
como el chañar.
El despojo suyo
de cada día,
el despojo
de lo ya despojado,
el ciclo eterno
del despojo.

A "El Viejo" de mi infancia, que vivió en la calle y soñó en un banco de estación.

2 comentarios:

  1. ¡Hermoso! Gracias, amiga, por tu sensibilidad, por tus evocaciones que despiertan los propios recuerdos y, con ellos, los íntimos homenajes.
    Abrazos

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  2. Muy bueno...me ha impactado...un hermoso trabajo...Además, estás actualizando "con todo" el blog. Abrazo cómplice.

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