viernes, 9 de noviembre de 2012

No quiero que lo sepas.
Por eso escribo en papelitos sueltos
que escondo en las habitaciones.
Dejo palabras en los cimientos de las columnas,
en las costuras del mantel, en las patas de la silla.
Le susurro a los árboles ausentes
y a las contratapas de los libros.
Practico estilos poco usuales en mí:
epígrafes, epigramas, epitafios.
Digo "enojo" en voz alta
y al rato murmuro "no tanto".
Superpongo palabras en el reverso
de los almanaques y en los espejos,
para que mi único poema,
el unívoco,
se derrame, quede diseminado,
se haga pedacitos por toda la casa,
como mi corazón,
pero no quiero que lo sepas.

3 comentarios:

  1. Precioso, Patri. ¡Cómo se nota la influencia de la casa, el cambio de vida, la nueva voz! Y este modo tan tuyo, maravilloso, de sublimar la historia. Te quiero.

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  2. Sencillamente, hermoso...vital. Poesía plena. Saludos, amiga.

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  3. También a mí me parece hermoso y me gusta imaginarme las notas por los rincones de la casa, como mensajes de amor tan tierno, que debe cuidarse con delicadeza.
    Tan tierno como estos versos: "Digo "enojo" en voz alta
    y al rato murmuro "no tanto".

    Gracias por compartir tu sensibilidad.

    Una sonrisa.

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