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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

miércoles, 24 de abril de 2013

Desilusión de poeta.

Dedicado a los amigos, a poetas, a la feliz combinación de ambos: en especial a Ana y a Gus; muy especialmente a Juan que con "Un consejo" me trajo el recuerdo de que alguna vez empecé a escribir este texto.
A Julio Garber.

-Sabías que era así, que iba a terminar pasándote. Ni la poesía con sus puentes, andamios, caminitos de flores o de barro te salvan, ahora.
LO-SA-BÍ-AS... de ahí la bronca. ¿O es decepción?. ¿O es tristeza? Hasta yo, que no tengo nada que ver con tu mundito te estoy buscando la palabra adecuada. No me estaré enfermando de lexicosis o de vocabulariasis, ¿no?
Enojada, triste, angustiada, lastimada, irritable, ansiosa, malhumorada... y que sé yo cuantos calificativos más te atraviesan... Odiosa, también.
Querés romper todo lo que alguna vez escribiste... en millones de pedacitos. Y no exagerás, no es "hipérbole". Lo que pasa es que ahora no encontrás fundamento para seguir escribiendo. Te diste cuenta de que tu inspiración murió, ahogada con tu propio llanto (o con la botella de vino), murió incinerada el día que te prendiste fuego empezando por los ojos. (¡Uh! Esa última expresión no es mía, no la quiero, seguro me la contagiaste).
Estás harta (esa es la palabra) de ver o querer ver todo con ojos de poeta, de buscarle la quinta pata al gato, de recorrer paisajes y rincones. ¡Vos que me hablabas de la "escritura salvavidas"! ¡Las pelotas te salva! Te dije más de una vez: "la poesía va a terminar hundiéndote". Y ahí estás, metida en el pantano hasta la nariz. Te hubiera gustado saltar a tiempo y dedicarte a otras actividades prescindiendo de las palabras y los sentimientos y de las palabras que dicen sentimientos. Si los números, por ejemplo, te gustaban, y la geometría ¿te acordás?. Pero te fuiste para el lado de los tomates, como quien dice, el día que descubriste (o creiste descubrir) la poesía en las propiedades y en los teoremas de la matemática. Enloqueciste con los fractales y con la poesía de Bruno Di Benedetto. -¡Él  es el que se fue al carajo!- me dijiste en aquella ocasión.
Estás harta de hablar de amor, de pretenderlo, de buscarle la vuelta a todo, de querer ver "el otro lado"... y todas esas pelotudeces por el estilo. Y disculpá la franqueza... y el vocabulario.
¡Estás harta!... de querer decir lo que otros callan, de entrarle a la rima de vez en cuando, de privilegiar la metáfora, de la exageración, de la dramatización, de la piel de gallina, (vos decís " piel erizada" pero en mi barrio comparamos muchas cosas con las gallinas).
Estás hasta el tuétano de la pregunta sin respuesta. (Ustedes, los poetas ¿para qué hacen las llamadas "preguntas retóricas"? ¿son masoquistas o qué?)
Ustedes los poetas SE-HUN-DEN.
Motivos de deceso:
rastrean en los sueños,
están casi obligados a conmoverse cada día,
denuncian con las palabras,
reivindican,
buscan agua en el fondo del pozo (de ahí que a veces se quedan abajo sin salvación posible),
¡se comprometen hasta con el brillo de la luna! ¡y con el de los zapatos!... ¡Hasta con lo opaco! ¡con lo inerte! ¿Qué quiere decir "lo inerte"?
¿No se cansan de ahondar, ahondar, ahondar?
Por lo visto vos sí te agobiaste. Tarde te diste cuenta. Hoy mismo te despertaste como sacando la mano por una ventanilla, pidiendo ayuda a los gritos, preguntando (como no podía ser de otra manera) y queriendo morir porque durante mucho tiempo te habías sentido viva y buscando formas de alabar la vida porque te estabas muriendo. En una palabra: abriste los ojos y ya estabas "contradiciendo" (la maldita antítesis que también los perfora a ustedes, "poetas"), no te alcanzó maldecir, predecir, bendecir, también tuviste que "contradecir".
¿Qué vas a hacer ahora? ¿A quién le vas a pedir ayuda? Porque por lo visto ya no me estás escuchando. Te hablo, te hablo, te aconsejo y mirás para otro lado. No lo puedo creer, venís llorando a pedirme opinión y me dejás hablando sola porque estás organizando no se qué para difundir no sé que cosa y para eso consultas a tus amigos que para colmo también son POETAS.
¡Bah! ¡Hundite con ellos! Eso sí, a mí no me vengas a pedir que te aconseje después.



Oda a la vida
de Julio Garber. (De Frente Artistas del Borda)

Soy el poeta, el que canta,
ése que decide el movimiento de la nube, la descripción de los niños,
[ la encarnadura de los árboles.
Soy el poeta, el que anuda la sangre de los muertos, aquél que abreva
[ en el misterio de la lluvia, el que abre la fruta y la reparte.
Soy el poeta, el que aplaude la embriaguez de la música,
el distinguido sabor de la mañana,
ése que decide la vida.
Soy el poeta, encubridor de locos y borrachos,
magnífico descubridor de flores distintas,
incauto en la sonrisa y el abrazo.
Soy el poeta, germen inicial en la boca,
ignorante artífice de un mundo mejor,
ese planeta que un día será nuestro,
esa luna que parece un ala de paloma.
Soy el poeta, el que descubre la palabra,
el sonido del charango, la tierra de los antepasados,
el suave repiquetear del bombo en una zamba,
el patriota que no se despide.
Soy el poeta, amante empedernido del diálogo, del beso,
del sonido y la semilla,
aquel que no olvida el hueso de sus padres,
aquel que despierta y maravilla.
Soy el poeta, el que lleva un niño en los pulmones,
una pluma en cada boca,
un sonido en cada verso.
Soy el poeta, el fanático de los graneros,
el que denuncia fecha por fecha a pocilga,
la ternura despiadada del amor.
Soy el poeta, el que muere a cada instante,
el que renace del fuego,
el ser humano mas inquietante;
el que ríe de frente, el que alumbra con su sangre.
Soy el poeta, el que aniquila los recuerdos,
el sensible que reinicia el canto de Manuel J. Castilla,
a quien todos creen muerto y yo sé que respira en cada uno
de sus versos.
Soy el poeta, el que pasó parte de su vida en el hospicio
y no se avergüenza
el que se deslizo entre espinas
y tanto tiene que agradecer.