martes, 30 de junio de 2015

Mari.

Foto de Gerardo Pérez Elío
 Le escribo a Patricia:

Antes, durante y después
de tu intemperie
María Ester te abre su corazón,
sólo que vos te das cuenta
cuando quedás parada
en medio de la nada.

Ella y vos,
como tantas veces,
conversan,
ríen,
evocan,
lloran.
Mientras vos mirás
ella interviene
para deshacer
una pelea callejera.
Después dramatiza una clase
de capoeira
que te hace olvidar
de todos los dolores.
Y cuando ya está
la primera parte
del poema sobre la mesa,
impregnado de olores
de infancia,
de amores adolescentes,
de partos,
partidas,
estrategias pedagógicas,
luchas,
viajes y complicidades,
vos le nombrás
un detalle que,
gracias a la charla,
recuperaste.
Cerrás los ojos y se lo decís,
como decís tantas cosas:
al pasar.
Pero ella, que no deja pasar
nada de lo que le decís,
escribe la última estrofa
salvadora,
breve,
en la que tu intemperie
se puede abrigar
con una lluvia finita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario