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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

domingo, 31 de enero de 2016

Pedro.



“Fue dueño del arte del errar; se sumergía en los hedores de los márgenes; rechazaba la normalización que le ofrecía el papel de escritor consagrado. Lemebel narra en resistencia: contra ‘la virulencia homofóbica’ pero también contra ‘el oro postal de la clásica estética musculada’; contra ‘el estigma de la plaga, contra el sidario condenado por la moral pacata’. También, contra la loca que atesora ‘el modelito’ especialmente comprado para asistir a la próxima premiere luctuosa”.

Julián Gorodischer

Derecho al río.

 Pasos malos. Merlo. San Luis.
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Panaholma Cura Brochero. Córdoba.

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 San Antonio. Icho Cruz. Córdoba.
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San Francisco. Cosquín. Córdoba.

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La juntura. Cosquín. Córdoba.
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Yuspe. Cosquín. Córdoba.
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 San Marcos. San Marcos Sierras. Córdoba.
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Quilpo. San Marcos Sierras. Córdoba.

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 San Lorenzo. Salta.
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 Juramento. El tunal. Salta.

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lunes, 18 de enero de 2016

18 de enero de 1978
La Paz (Bolivia). Eduardo Galeano.
—El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.
Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste: —Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.
Publicado en: Memoria del fuego
Fuente original: http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/memoria.del.fuego/19780118.htm

jueves, 14 de enero de 2016

Aledo.

El poeta se fue de viaje a los 103 años.
 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos
/espectaculos/4-37727-2016-01-13.html


Cuando muera este coplero
entiérrenlo sin guitarra;
que no le dé por cantar
coplas de amor a las ánimas
 
Aledo Luis Meloni
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Me lleva el río tan quedo
que no siento que me voy;
se me hace que es sólo el río
el que anda: el tiempo, no yo

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Es una lluvia roja, unánime y callada:
comienza cuando suelta sus pájaros el día;
y baja lentamente, tramo a tramo,
hasta incendiarlo todo, partícula a partícula.
Arde
como una hoguera sin lindes la provincia

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El árbol su sombra entrega
sin mirar a quién: al que no agradece nada/
y al que sabe agradecer
al que no lo hiere nunca
y al que lo hiere también

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Cuando la noche lo vence 

y olvida lo que no sueña,

sueña el hachero que tala
el árbol de su pobreza

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el machete del zafrero
tiene filo y contrafilo:
filo el día de semana
y contrafilo el domingo

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La tierra tiene el corazón enamorado,
y como una muchacha núbil sueña
con la herida vital del surco y la aventura
de imprevisible suerte como el azar: la siembra
El pulso de los hacheros
desgaja el amanecer;
y por la muerte del árbol
desnuda su llanto la dulce torcaz

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Bajo la lluvia
en la plaza los árboles meditan.
acaso piensan
en el despojo inexorable de su pompa,
de su amado verdor, cuando llega el otoño
y en el bar de la esquina de la plaza
un hombre silencioso, puede ser un poeta,
mira caer la lluvia

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En el reparto del pan
nuestros hermanos, los grandes,
se reservaron la hartura
y nos dejaron el hambre...en el reparto del día
nuestros hermanos del Norte
se reservaron la luz
y nos dejaron la noche

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Entre tanto,
en la brisa que la envuelve
y suavemente la acuna
dele temblar una hoja...¿El corazón, la congoja
del crespín bajo la luna?

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Al hijo del carbonero
le ha dado por peguntar:
¿si hay en el monte cien hornos,
por qué ninguno es de pan

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Allí el viento del norte como un potro galopa;
allí el hombre descubre su rostro verdadero;
y el árbol ve crecer la nube de su copa
y madurar extraños relámpagos de acero

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El oficio de vivir
tiene su cábala:
hay quien lo aprende cantando
y quien a costa de lágrimas

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Cantor de apenas dos notas,
dos gotas de agua salobre:
unos lo llaman crespín; otros; lágrimas de monte

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Ya no la quiero a la vida;
cómo la voy a querer,
si en medio del quebrachal
me he vuelto un árbol también,
y el hacha me va talando
hasta las ganas de ser

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Yo le doy mi voz al pueblo,
y el pueblo me da su voz

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Cada cual en su cantera;
para descubrir su voz
el grillo cava en la sombra
y la cigarra en el sol
Cada cual en su cantera
yo cavo en mi corazón

lunes, 11 de enero de 2016

Bordar o entrañar la trama.

"...extendida y cuidadosa,
emprenden mis manos
la tarea de bordar
en espera de la barca
donde, en el revés
de un rito, desbordamos
y nos desbordamos..." *

Ante las dilatadas esperas
a la orilla del naufragio,
y entre todas
las labores insinuadas,
elegir bordar,
con la certeza
de no pretender deshacer
luego, lo compuesto.

Los resultados en la experiencia
de desandar el rito
arrojan que difícilmente se pueda
reutilizar el hilo,
máxime si se engendra
la concomitancia
entre torpeza e impaciencia.
Se necesita mirar muy fijo,
volver a pasar
e ir levantando
minuciosamente
y con aguja bien fina,
punto por punto.
Sin embargo
se producen allí
los primeros daños materiales.
Y a veces también
como segundo efecto
se rompe la tela.
Porque bordar es siempre
intervenir ese tipo de soporte.
Mientras se desteje,
por ejemplo,
ya que basta sólo
con tirar de la hebra,
dicen que hasta se puede leer
pero al des-bordar
es imposible.
Cada punto viene a ser
concentradamente
la propia lectura.
Es muy difícil no causar daños
en esta tarea de desarmar
pues bordar como rito,
como espera,
como esperanza
es siempre
entrañar una trama
y debe ser asolador
y desolador
tener que desentrañarla.






domingo, 10 de enero de 2016

Paco.

"... Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco."

sábado, 9 de enero de 2016

el sol de enero cae pesadamente
sobre las cabezas
sobre los cascos encima de las cabezas
y pareciera aumentar el hervor
de la sangre
que sale a borbotones
en forma de proyectil

me pregunto ingenuamente
si existe milagro climático
que pueda atenuar
la compulsión del gatillo
y me acuerdo de otros días
realmente helados
en que sin embargo
la sangre también hirvió
para mover el frío del plomo

¿es posible un halo de frescura
para abortar la ejecución
de los dedos de turno
de las grandes manos asesinas?
¿y un calor de dulce hoguera
para las miradas gélidas
de los monstruos todopoderosos?

...si  miráramos simplemente
la belleza
de ser animales
de ser mamíferos
de ser
de sangre caliente

Él, Rodolfo.

Yo, Rodolfo

Por Rodolfo Walsh
Dibujo de Elías Aspiazu.
 
Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados (1), y eso me gustó.

Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres.

Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antig"uedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.

Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo es no haber terminado mi profesorado en letras.

Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.

La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie.

Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces. En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.


(1) Unidad métrica compuesta por una sílaba breve (sin acento) y una larga (acentuada).
Así, habría que leer Rodólf Fowólsh.

martes, 5 de enero de 2016

Para comenzar.



Playas Doradas. Provincia de Río Negro.





beber un vino límpidamente oscuro
reconocerse en un espejo sin luz
bailar para imitar a las estatuas
empequeñecerse de inmensidad