jueves, 24 de marzo de 2016

EL AMIGO DE LA INFANCIA.

A un ceibo caído.
A los hermanos, a las hermanas 
arrancads de sus hogares
en dictadura, en democracia.
 
Aún estás. Apenas se dibuja
tu sombra en el muro.
Temprana y definitivamente
te apartaron de los postigos
que besaban tu vaivén.
Tus pies resistieron un buen tiempo
antes de que la mano diera el último tirón.
No fue así en mi pecho,
cuando prisionera de aquellos años felices,
recordé las temblorosas palmas
en la estival lluvia de aves por venir.
Nadie, de aquí, puede hacer que te ausentes.

¡Cuántas veces me rescataste
de la siesta imperial!
Tus asperezas se abrían paso
para reconfortarme en la horqueta salvadora,
mientras tu cabellera se mecía cómplice y sigilosa.

Nostálgica, ingenua y soñadora
quiero cabalgar esas lejanías,
quiero abrazar
esos días como flores luminosas.
Quiero la ilusión de esconderme
a las tres de la tarde para después
levantar el vuelo,
con el fresco deseo de mudar ceibos caídos
en rojos pájaros al aire.

Patricia Morante.

(Escrito en 2009, publicado en libro "Derecho a los pájaros" en 2011. Reinventado en 2016)

De mi infancia (yo: la más bajita). Ramas y sombras del ceibo junto
a la ventana de la casa de los abuelos.


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