martes, 19 de abril de 2016

Poema VI

Hay un endriago que recorre
el borde de mis sueños.

Me habla al oído
y su murmullo se me pega
como la mosca que aletea
atrapada en la tela.

Y es temblor constante,
como de agua besada
por el viento,
el que atraviesa mi cuerpo.

Papel de seda mojado
por la lluvia,
¿cuánto más vulnerable
puedo ser
en la noche fatal
del día dormido?

¿Por qué ese monstruo
elige dañar
mi ocasión de subir
a la barca?

Me quita el remo
y me muestra desde la orilla
cómo es capaz de hundirlo
en la arena.

¿En cuántos susurros más
tendré que estremecer
el canto que lo aleje
para siempre?


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