jueves, 26 de mayo de 2016

Decir, hacer.

De OCTAVIO PAZ.


A Roman Jakobson.

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Haroldo.

La balada del álamo Carolina


La balada del álamo Carolina -  Un cuento de Haroldo Conti


Un cuento de Haroldo Conti


A mi madre, doña Petrolina Lombardi de Conti,
y a la ciudad de Chacabuco, mi pueblo.

Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo,
la primavera siempre volverá.
Tú, florece.
(Anónimo japonés)

Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo.
Este álamo Carolina nació aquí mismo, exactamente, aunque el álamo Carolina, por lo que se sabe, viene mediante estaca y éste creció solo, asomó un día sobre esta tierra entre los pastos duros que la cubren como una pelambre, un pastito más, un miserable pastito expuesto a los vientos y al sol y a los bichos.
Y él creyó, por un tiempo, que no iba a ser más que eso hasta que un día notó que sobrepasaba los pastos y cuando el sol vino más fuerte y templó la tierra se hinchó por dentro y se puso rígido y sentía una gran atracción por las alturas, por trepar en dirección al cielo, y hasta sintió que había dentro de él como un camino, aunque todavía no supiese lo que era eso, lo supo recién al año siguiente cuando los pastos quedaron todavía más abajo y detrás de los pastos vio un alambrado y detrás del alambrado vio el camino, que es una especie de árbol recostado sobre la tierra con una rama aquí y otra allá, igual de secas y rugosas en el invierno y que florecen en las puntas para el verano, pues todas rematan en un mechoncito de árboles verdaderos.
Por ahí andan los hombres y el loco viento empujando nubes de polvo. También ya sabía para entonces lo que era una rama porque, después de las lluvias de agosto, sintió que su cuerpo se hinchaba en efecto aquí y allá y una parte de él se quedó ahí, no siguió más arriba, torció a un lado y creció sobre la tierra de costado igual que el camino.
Ahora es un viejo álamo Carolina porque han pasado doce veranos, por lo menos, si no lleva mal la cuenta. Ahora crece más despacio, casi no crece. En primavera echa las hojas en el mismo sitio que estuvieron el otro verano y por arriba brotan unas crestitas de un verde más encarnado que al caer el sol se encienden como por dentro, pero él ahora no pretende más que eso, esa dulce luz del verano que lo recubre como un velo. Y dentro de esa luz está él, el viejo álamo, todo recuerdo. De alguna manera ya estaba así hace doce veranos cuando asomó sobre la tierra y crecer no fue nada más que como pensarse. Sólo que ahora recuerda todo eso, se piensa para atrás, y no nace otro árbol. En eso consiste la vejez. Verde memoria.
Ahora es el comienzo del verano justamente y acaba de revestirse otra vez con todas sus hojas, de manera que como recién están echando el verde más fuerte (son como pequeños árboles cada una) por la tarde, cuando el sol declina y se mete entre las ramas el álamo se enciende como una lámpara verde, y entonces llegan los pájaros que se remueven bulliciosamente entre las hojas buscando dónde pasar la noche y es el momento en que el viejo álamo Carolina recuerda.
A propósito de la noche, los pájaros y el verano. Recuerda, por ejemplo, a propósito de los pájaros, el primero de ellos que se posó sobre la primera rama, que ha quedado allá abajo pero entonces era el punto más alto, ya casi no da hojas y es tan gruesa como un pequeño árbol. En aquel tiempo era su parte más viva y sintió el pájaro sobre su piel, un agitado montoncito de plumas. Descansó un rato y luego reemprendió el vuelo. Recién dos veranos después, cuando divisó la primera casa de un hombre y detrás de ella la relampagueante línea del ferrocarril, una montera armó un nido en la horqueta de la última rama. Cortó y anudó ramitas pacientemente y así el álamo se convirtió en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa, como antes supo del camino y del alma del camino, ese ancho árbol florecido de sueños. El nido se columpiaba al extremo de la rama y él, aunque gustaba del loco viento de la tarde, procuraba no agitarse mucho por ese lado, le dio todo el cobijo que pudo, echó para allí más hojas que otras veces.
Al final del verano los pichones saltaron del nido y los sintió desplazarse temblorosos sobre la rama con sus delgadas patitas, tomar impulso una y otra vez y por fin lanzarse y caer en el aire como una hoja. Un árbol en verano es casi un pájaro. Se recubre de crocantes plumas que agita con el viento y sube, con sólo desearlo, desde el fondo de la tierra hasta la punta más alta, salta de una rama a otra todo pajarito, ave de madera en su verde jaula de fronda.
Ese verano fue el mismo del ferrocarril. Antes viene la casa. No vio la casa por completo, ni siquiera cuando, años después, trepó mucho más alto, sino lo que ve ahora mismo desde el brote más empinado, un techo de chapas que se inflama con el sol y una chimenea blanca que al atardecer lanza un penacho de humo. A veces el viento trae algunas voces.
Con todo él ha llegado hasta la casa en alguna forma, a través de las hojas de otoño que arrastra el viento. Con sus viejos ojos amarillos ha visto la casa aun por dentro, ha visto al hombre, flaco y duro con la piel resquebrajada como la corteza de las primeras ramas, la mujer que huele a humo de madera, un par de chicos silenciosos con el pelo alborotado como los plumones de un pichón de montera.
Con sus viejas manos amarillas ha golpeado la puerta de tablas quebradas, ha acariciado las descascaradas paredes de adobe encalado, y mano y ojo y amarillas alas de otoño ha corrido delante de la escoba de maíz de Guinea y trepado nuevamente al cielo en el humo oloroso de una fogata que anuncia el frío, el tiempo dormido del árbol y la tierra.
El ferrocarril pasa por detrás de la casa pero hubo de trepar hasta el otro verano, cuando volvieron las hojas y los pájaros, para entrever el brillo furtivo de las vías cortando a trechos la tierra. Ya había sentido el ruido, ese oscuro tumulto que agitaba el suelo porque el árbol crecía tanto por arriba como por debajo. Por debajo era un árbol húmedo de largas y húmedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra.
Por ahí vivía y sentía el árbol principalmente, por ahí su día era un día del mundo, así de ancho y profundo, porque la tierra que palpitaba debajo de él le enviaba toda clase de señales, era un fresco cuerpo lleno de vida que respiraba dulcemente bajo las hojas y el pasto y sostenía cuanto hay en este mundo, incluso a otros árboles con los cuales el viejo álamo Carolina se comunicaba a través de aquel húmedo corazón.
Al este, por donde nace el sol, había un bosque. Lo divisó una mañana con sus ojos verdes más altos y todas sus hojas temblaron con un brillo de escamas. Era un árbol más grande, el más grande y formidable de todos. Al caer la tarde, con el sol cruzado barriendo oblicuamente los pastos que parecían mansas llamitas, los ár­boles aquellos ardieron como un gran fuego. Por la noche, el álamo apuntó una de sus delgadas ramas subterráneas en aquella dirección y recibió la respuesta. No era un árbol más grande, era un bosque, es decir, un montón de ellos, tierra emplumada, alta y rumorosa hermandad.
¿Por qué no estaba él allí? ¿Por qué había nacido solitario? ¿Acaso él no era como un resumen del bosque, cada rama un árbol? Todas estas preguntas le respondió el bosque, sus hermanos, noche a noche. Esta y muchas otras porque a medida que se ponía viejo, en medio de aquella soledad, se llenaba de tantas preguntas como de pájaros a la tardecita. Los árboles no duermen propiamente, se adormecen, sobre todo en invierno cuando las altas estrellas se deslizan por sus ramas peladas como frías gotas de rocío. Es entonces cuando sienten con más fuerza todas aquellas voces y señales de la tierra.
Los animales de la noche salen de sus madrigueras y roen la oscuridad, un pájaro desvelado vuela hacia la luz de una casa, un bulto negro trota por el camino, los grillos vibran entre los pastos como cuerdas de cristal, un perro aúlla en la lejanía, el hombre se da vuelta en la cama y piensa cuántas fanegas dará el cuadro de trigo.
En este mismo momento, en esta noche tan quieta, la semilla está trabajando ahí abajo, el árbol la siente germinar, siente su pequeño esfuerzo, cómo se hincha y se despliega y recorre, pulgada por pulgada, el mismo camino que ha trazado el deseo del hombre, que ha vuelto a dormirse y sueña con una suave marea de espigas amarillas.
Y fue por ahí, por la tierra, que el árbol tuvo noticias del ferrocarril cuando un día sintió ese tumulto que subió por sus raíces. Tiempo después, luego de divisar la morada del hombre, vio por fin aquella alocada y ruidosa casa que con chimenea y todo corría sobre la tierra, y supo por ella que además de los pájaros gran parte de cuanto vive se mueve de un lado a otro y el viejo álamo, que entonces no era tan viejo pero sí árbol completo, sintió por primera vez el dolor de su fijeza.
Él sólo podía ir hacia arriba trazando un corto camino en el cielo y al comienzo del otoño volar en figura según el viento en la trama de sus hojas. En cierto momento, después de la casa, el tren se transportaba entre sus ramas y a veces el penacho de humo llegaba hasta el mismo álamo. Esto dependía del viento, del cual, por instrucción de los pájaros, el viejo álamo había aprendido a extraer otros muchos sucesos. Según soplase, él agitaba sus hojas como verdes plumas y simulaba temblorosos vuelos.
El viento subía y bajaba en frescas turbonadas por dentro de aquella jaula vegetal provocando, de acuerdo a la disposición del follaje, murmullos y silbidos que complacían al árbol músico.
Todo esto se aprende con los años, un verano tras otro, y luego para el árbol son materia de recuerdo en el invierno. El invierno comienza para él con la caída de la primera hoja. Un poco antes nota que se le adormecen las ramas más viejas y después el sueño avanza hacia adentro aunque nunca llega al corazón del árbol. En eso siente un tironcito y la primera hoja planea sobre el suelo. Así empieza.
Después cae el resto y el viento las revuelve, las dispersa, corren y se entremezclan con las hojas de otros árboles, cuando el viejo álamo Carolina ya se ha adormecido y piensa quietamente en el luminoso verano que, de algún modo, ya está en camino a través de la tierra, por el tibio surco de su savia. La lluvia oscurece sus ramas y la escarcha las abrillanta como si fuesen de almendra. Algunas se quiebran con los vientos y el árbol se despabila por un momento, siente en todo su cuerpo esa pequeña muerte aunque él todavía se sostiene, sabe que perdurará otros veranos.
Hasta que allá por septiembre memoria y suceso se juntan en el tiempo y un dulce cosquilleo sube desde la oscuridad de la tierra, reanima su piel, desentumece las ramas y el viejo álamo Carolina se brota nuevamente de verdes ampollas. El aire ahora es más tibio y el hombre, al que observa desde el brote más alto, recorre el campo y espía las crestitas verdes que acaban de aparecer sobre la tierra.
Para mediados de octubre el viejo álamo está otra vez recubierto de firmes y oscuras hojas que brillan con el sol cuando la brisa las agita a la caída de la tarde. El sol para este tiempo es más firme y proyecta sobre el suelo la enorme sombra del árbol.
Fue en este verano, cuando el sol estaba bien alto y la sombra era más negra, que el hombre se acercó por fin hasta el árbol. Él lo vio venir a través del campo, negro y preciso sobre el caballo sudoroso. El hombre bajó del caballo y penetró en la sombra. Se quitó el sombrero cubierto de tierra, después de mirar hacia arriba y aspirar el fresco que se descolgaba de las ramas, y se quitó el sudor de la frente con la manga de la camisa.
Después el hombre, que parecía tan viejo como el viejo álamo Carolina, se sentó al pie del árbol y se recostó contra el tronco. Al rato el hombre se durmió y soñó que era un árbol.

domingo, 22 de mayo de 2016

BIBLIOCLASTAS, una obra de teatro por y para la B I B L I O F I L I A 📖

Estudiantes que empiezan las clases.

Una vez más nos encontramos en el secundario con esta temática.
El colegio M. T. de Alvear pertenece al conurbano bonaerense, zona Oeste. Ituzaingó más exactamente. Estudiantes de 6to año. Lunes por la mañana, Literatura, sueño y un sinfín de circunstancias que atraviesan e interrumpen el desarrollo de las clases.

La primera propuesta es leer una obra de teatro.  Al principio nadie se anima (como si no lo hubiéramos hecho años anteriores) y después redoblo la apuesta:

-Bueno, yo leo uno de los personajes protagónicos pero por lo menos necesito un lector/ora más. ¡Ah, y un personaje que lee muy poco! Y alguien que lea las didascalias, claro.
...

Así transcurrieron las tres horas~ reloj de la clase con la lectura de "Biblioclastas" de Jorge Gómez y María Victoria Ramos. (En Biblioclastía de Tomás Solari y Jorge Gómez, compiladores. Eudeba.)
Así empezamos un recorrido que aún no terminamos.
Lo que escribo aquí es un brevísimo resumen de todo lo que viene ocurriendo a partir de esa propuesta, sólo algunas conclusiones que abren puertas para seguir trabajando y disfrutando de la dramaturgia.


Estudiantes que hacen otras lecturas en clases sucesivas.
 
Estudiantes que analizan y dicen sobre los libros, la destrucción, las diferentes lecturas y sobre todo de "Biblioclastas".
  • Para la represión de los libros hubo un sistema, el libro era sometido a un proceso burocrático. 
  • La censura fue parte de un proyecto global.
  • Funcionaban las tres patas juntas, sino no funcionaban. 
  • Todo era un sistema organizado en el que "gente normal" trabajaba quemando libros.
  • Aunque existan datos suficientes para demostrar lo contrario, sigue habiendo gente que piensa que esto fue algo azaroso: "... es una mezcla de comodidad y oportunismo. La pereza intelectual más el oportunismo dan como resultado seguir sosteniendo una teoría a pesar de que  los hechos, los documentos y testimonios lo desmientan..." Invernizzi.
  • Los libros fueron perdiendo "presentismo"
  • Hay pruebas de que la biblioclastía fue un "delito organizado"
  • Analizando la obra y el artículo encontramos analogías. Por ejemplo: "...sobre el otro escritorio, al que le falta una pata que fue reemplazada por una de las bolsas que abundan en el lugar..." y "...todo es parte del mismo proyecto, que ejemplificamos como una mesa de tres patas..."
  • Destaco la escena 5 donde (se hace referencia a que) la gente se queja de las quemas de libros pero no hacen mucho para evitarlo.
  •  La simpleza y "normalidad" de los protagonistas de la obra deja ver una de las características específicas de las cuales hablan Gociol e Invernizzi: la dificultad del común de la población para aceptar que hasta tu vecino podría ser un torturador, un dinosaurio, UN MONSTRUO.
  • La obra no está publicada por ser comercial (actualmente es natural que los libros sean publicados sólo por su potencial comercial), está allí para ser utilizada como un arma, levantada como una bandera, para hacer valer nuestro derecho a la pluralidad de ideologías, a la libre elección del material de lectura.
  • Me queda que debido a la destrucción de libros se rompe la relación de la gente con el autor nacional. Hoy no se tiene la necesidad de leer libros.
  • La destrucción sigue en pie si no hacemos algo. Con tan sólo dejar de leer o abandonarlos en una biblioteca, los estás destruyendo.
  • Al final no sólo se logró la destrucción de miles de ejemplares sino también la forma de escribir, de editar y leer de toda una nación.
  • ...Nadie puede destruir el saber y la memoria...
 Estudiantes que preguntan e investigan: (en proceso)

  • ¿Hay biblioclastía hoy?
  • ¿Cuál es el rol de los libros hoy en nuestro país? 
  • ¿Cuál es la situación de las bibliotecas en la actualidad?
  • ¿Qué son las bibliotecas populares?
  • ¿Qué es la F.L.I.A?
  •  ¿    ?
 Estudiantes que producen textos y dibujos: (en proceso)

Cuentos: "El pueblo globalizado" y uno aún sin título del que cito: "... Resulta increíble cómo la destrucción de un libro puede desencadenar en la pérdida de la memoria de un pueblo, acabar con una idea o destrozar sueños..."

Poemas: Libro "... el que nos permite teletransportarnos..."  y "... estoy hablando de algo no tan remoto y perdido/ como humo se nos fue casi medio millón de libros..."

Argumentación: "...Esto también encierra el Terrorismo de Estado: políticas culturales, educativas y de comunicación..."





Nadie puede destruir el saber y la memoria.
Es la destrucción misma de la población.
Aberración de la cultura nacional 
de un país demócrata.
¡No!,
un país sin poetas ni pensadores.
Los libros son vida.
Aquel que trata de engañar a los demás 
sólo se engaña a sí mismo.
A veces, lavándonos las manos
nos ensuciamos la conciencia.
Las bibliotecas deberían ser
de la humanidad
ya que allí se esconde nuestra verdad.
NO a la biblioclastía.

domingo, 15 de mayo de 2016

Javier.


San Lorenzo, Salta, febrero de 2016. Foto de mi amado Daniel.
Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas,
voy bajando por las rocas duras,
por el sendero dibujado por el viento.

Hay árboles a mi alrededor
sombreados por la lluvia.

Yo soy un río, bajo cada vez
más furiosamente, más violentamente
bajo cada vez que un puente me refleja
en sus arcos.



Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.

Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.

Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.

Bajo por las atropelladas cascadas,
bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más,
las hago una a una pedazos interminables.

Los animales huyen,
huyen huyendo cuando me desbordo
por los campos, cuando siembro
de piedras pequeñas las laderas,
cuando inundo las casas y los pastos,
cuando inundo las puertas y sus corazones,
los cuerpos y sus corazones.

Y es aquí cuando más me precipito
Cuando puedo llegar a los corazones,
cuando puedo cogerlos por la sangre,
cuando puedo mirarlos desde adentro.

Y mi furia se torna apacible,
y me vuelvo árbol,
y me estanco como un árbol,
y me silencio como una piedra,
y callo como una rosa sin espinas.

Yo soy un río.
Yo soy el río eterno de la dicha.
Ya siento las brisas cercanas,
ya siento el viento en mis mejillas,
y mi viaje a través de montes, ríos,
lagos y praderas se torna inacabable.

Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca

Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto

Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada

Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado

Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada

Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
árbol fruta rosa piedra mesa
corazón corazón y puerta retornados,
Yo soy el río que canta al mediodía
y a los hombres, que canta ante sus tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.

Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas quebradas,
por los ignotos pueblos olvidados,
por las ciudades atestadas de público
en las vitrinas.

Yo soy el río
ya voy por las praderas, hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas, los árboles cantan con el río,
los árboles cantan con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis brazos.

Llegará la hora en que tendré que
desembocar en los océanos,
que mezclar mis aguas limpias con sus aguas turbias,
que tendré que silenciar mi canto luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al alba de todos los días,
que clarear mis ojos con el mar.

El día llegará, y en los mares inmensos
no veré más mis campos fértiles,
no veré mis árboles verdes,
mi viento cercano, mi cielo claro,
mi lago oscuro, mi sol,
mis nubes, ni veré nada,
nada, únicamente el cielo azul,
inmenso, y todo se disolverá en
una llanura de agua,

en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas aguas apagadas.

El río. 1960.
Javier Heraud

sábado, 14 de mayo de 2016

Beatriz.

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Amorosa apertura. 
Hoy en Centro Cultural Laprida. Formosa 2373, Merlo Norte.
A partir de las 17:00. 
 ¡Qué lindo cuando florecen libros!

Tolhuin en un libro de mitología guaraní hallando la frase: "Todas las cosas son una" 

Continuará...

Roque.


viernes, 6 de mayo de 2016

Comunicación, Cultura y Sociedad. 5to B.

 Nos reunimos alrededor de una mesa para escuchar historias.
Nos había quedado la tarea pendiente de la clase anterior. Lo que no imaginé es que apenas comenzó la clase, después de saludar y de preguntar cómo estaban y aún antes de que pudiera hablar de la propuesta para trabajar, un estudiante me reclamara diciendo: -Ud. dijo que íbamos a escuchar unos audios de mujeres originarias.
Y así fue cómo empezamos.
Se hacía un silencio denso después de cada audio, hasta que lograban poner palabras a las preguntas.

Las voces de las mujeres quedaban resonando: 

Testimonios frente al Congreso.
 
Necesitamos agua  ~ Tenemos problemas de salud  ~ No tenemos remedios  ~ Cierre, remediación y prohibición y no más minería en la Cordillera  ~ El agua es la vida nuestra  ~ Queremos la libertad ~
Si te dormís no tenés agua  ~ Y qué triste para nosotros... ~  ¿Será que esa caja de remedios alcanzará para todos...? ~  Sin monte no somos nada ~  Sin monte vamos a quedar sin cultura ~  Y sí, hay mucha agua, pero contaminada con arsénico ~  Nosotros no tenemos agua ~  Territorios invadidos por loteos por punteros políticos que han usurpado nuestra personería jurídica ~  Masacran nuestros sitios sagrados, nuestro territorio ~  El agua que viene del río grande está contaminada  ~ Con nuestra espiritualidad vamos a seguir de pie  ~ Se va a hacer la voluntad de la Pachamama ~  En nuestra sangre corre la lucha  ~ Basta de represión ~  ¡Despierten su espíritu!, ¡levántense! ~  En la mal llamada vuelta a la democracia al único pueblo al que le han aplicado la ley antiterrorista es a nosotros  ~ Nos solidarizamos con nosotras mismas, en la lucha  ~ No al monocultivo, no al extractivismo  ~ Vamos a terminar bajo el agua y no vamos a saber qué nos pasó ~  Creemos que el trabajo es por abajo ~  Crear conciencia, despertar la conciencia  ~ Los gobiernos quieren que la población se enamore de la megaminería~

Los nombres quedaban resonando:
 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
~NORA~MARÍA~SILVIA~SUSANA~ROSANA~CARMEN~MOIRA~YÉSICA~
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Las preguntas y opiniones quedaban resonando:
 ...
¿qué podemos hacer?
¿cuál es la primera palabra que se les ocurre decir después de escuchar?:
vergüenza- oídos sordos- incumplimiento de derechos-


Y las propuestas quedaron resonando:

Vamos a contarles a otros.
Llamemos a alguien para que nos dé una charla.
Podemos participar de alguna organización.
Hagamos folletos.
Hablemos con otros profes para hacer algo en común.
Esto tiene que estar en la Feria de Ciencias.

                                         ¡Marici weu, Jallalla, profe!
Continuará...
http://lh3.googleusercontent.com/-3aV_LH3ekBk/VckpMNtp_5I/AAAAAAAAvPk/RFCoLJRW90E/s506/78e7842ec3d9e341f028aa6d1e43ae32.gif

Lira ° de versos mudos.

Foto Jardín de Tolhuin.
Inesperada flor
- - - - - - - - - - -
inesperada flor
- - - - - - -
- - - - - - - - - - -


° Tipo de estrofa de cinco versos de la métrica española e italiana, compuesta de tres versos heptasílabos (siete sílabas) y dos endecasílabos (once sílabas) con la disposición 7a, 11B, 7a, 7b, 11B.

martes, 3 de mayo de 2016

bálsamo sobre bálsamo

alivio perdurable

alegría sagrada

apoteosis

dádiva

copa rebosante
lluvia sobre el río








Foto Tolhuin, Paso de las tropas, Nono, pcia de Córdoba.


Juan.


en el gran cielo de la poesía / mejor dicho /
en la tierra o mundo de la poesía que incluye cielos / astros / dioses / mortales /
está cantando el ruiseñor de keats / siempre /
pasa rimbaud empuñando sus 17 años como la llama de amor viva de san juan /
a la teresa se le dobla el dolor y su caballo triza
el polvo enamorado de francisco de quevedo y villegas /
el dulce garcilaso arde en los infiernos de john donne /
de césar vallejo caen caminos para que los pies de la poesía caminen /
pies que pisan callados como un burrito andino /
baudelaire baja un albatros de su reino celeste /
con el frac del albatros mallarmé va a la fiesta de la nada posible /
suena el violín de verlaine en la fiesta de la nada posible / recuerda

que la sangre es posible en medio de la nada /
que girondo liublimará perrinunca lamora / y
girarán los barquitos de tuñón
contra el metal de espanto que obusó a apollinaire /

oh lou que desamaste la eternidad de viaje /
el palacio de exceso donde entró la sabiduría de blake /
el paco urondo que forraba en lamé la felicidad
para evitarle fríos de la época /

roque dalton que trepaba por el palo mayor de su alma y gritaba “Revolución”
y veía la Revolución y la Revolución era la sola tierra firme que veía /
y javier heraud que fue a parar tiernísimo a la selva /
y abrió la selva de la boca con su torrente claro /

y el padre darío que a los yanquis dijo no /
como sandino dijo no /
y el frente amplio de la poesía y de la guerra les volvió a decir no /
y nicaragua brilla en su ejercicio de amar /

martí yendo viniendo por el aire con los muertos queridos
que vio volar como una rosa blanca /
¿no ves a mis compañeros volar por el aire ochenta años después? /
¿estás despierto para que sigamos diciendo no? /

¿los muertos se ponen pálidos como magdalena cuando amasaba
sus panes con más lágrimas que harina? / ¿hasta que venga el día? /
¿día en que toda américa latina subirá lentamente? /
¿amorosamente? / ¿navegando como hacen mis planetas del sur? /

ahora canta el ruiseñor del griego al fondo de los siglos /
pasa walt whitman con el ruiseñor al hombro cantando en paumanok /
pasa el comandante guevara a hombros del ruiseñor /
pasa el ruiseñor que se alejó de la vida callado como un burrito andino

en representación de los que caen por la vida /
pasa la luna de rosados dedos /
pasa safo abrigando al ruiseñor
que canta / canta / canta /

Ruiseñores de nuevo. Juan Gelman.


Los poemas de José Galván, en Hacia el sur, Marcha, México D.F., 1982 (reeditado en Interrupciones II, Libros de Tierra Firme, 1988).