domingo, 10 de julio de 2016

Noche.

Los pasos del regreso
vienen cargados de la noche.

La noche es el ladrido de un perro,
la pesada niebla,
el domingo que pasó
pero se resiste a irse, 
todavía. 

La noche es el invierno
atravesado por un ladrido,
en la tenaz agonía del domingo.

Desde el umbral se oyen
en una oscuridad ajena:
el vaivén quejumbroso
de los trenes;
alguna voz remota;
los pasos, diseminados
en  ecos repetidos.
Al otro lado habita un silencio
denso, impermeable, tosco.

La noche es un aullido amordazado,
una boca desmesuradamente 
abierta y muda
cabalgando en la espesa soledad.





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