domingo, 14 de agosto de 2016

Castillo de naipes.

La esperanza, en la cúspide.
Que se apoye sobre milhojas de esperas,
encuentros, caminos inenarrables,
desilusiones que canten como pájaros
con las alas rotas, infiernillos, 
constelaciones, visiones fantasmagóricas,
autoflagelaciones, retornos y trastornos 
en grados de intensidad diferentes.
Que baste con pasar una mano o un dedo.
Que un soplido o cambio de aire sea suficiente
para que la construcción se venga abajo.

Que sólo quede juntar y guardar  todo,
hasta el próximo solitario, en una cajita.

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