jueves, 16 de marzo de 2017

Intimidad de libro y carta.

Acercaste tanto tu cara...
Te hiciste parte de mí. 

Ahora soy tu mirada,
tu exhalación.
Sos mis labios, mi fuego.
La luz se adelgaza y pide paso 
entre mi piel y la tuya.
¿Cuál es tu noche? 

¿Dónde empieza la mía?

En nuestro apacible pecho 
llevamos el beso y el adiós.
Vas trémula. Viajamos abrazados 
al color de lo incierto
pero no temas, 
nos encontró juntos el frío.
Pudimos ser como agua de cántaro
esparciéndose
en la tierra sedienta.
Después, la aureola húmeda...
Estamos hechos de bocas
bebedoras de estrellas.
En nuestro corazón
hay agua,
y tierra,
y aire,
y fuego.

Sos un encantador...
¿Quién puede seguir en vela
después de mirarte?
Guardaré la fascinación 
con ojos cerrados.
Es necesario atesorar un poco 
de luz 
para cuando no estés. 

Una mano amiga nos unió.
Te acarició primero,
se posó sobre mí. 
Me hizo tu cuna.
                                     
El rostro conocido se hundió 
en nuestro olor.
Nos arrulló por última vez.
No es verdad que fue 
sin tristeza.

Sabemos no poco del origen 
de este abrazo cerrado.
Pero ¿qué hay del destino 
que nos espera?
Mi esencia reniega de presagios.
Nada conozco del arte adivinatorio,
ni de los designios 
que otras cartas 
son capaces de develar.
Una sola palabra 
es mi símbolo.
Tal vez otra mano amiga 
nos reciba, 
también nos acaricie, 
nos muestre en su palma 
lo que las líneas 
deparan.
...unos ojos descubran 
a los que desde nuestro interior 
miran.

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