lunes, 1 de mayo de 2017

Uno de tres.

¿De dónde saqué  a los cinco
que podía ser bailarina?
¿Cuál fue el origen de ese sueño
si en el comedor, donde pasaba
todas las horas,
además de la mesa, las sillas
y, en un ángulo, el televisor,
sólo había telas, hilos
y una máquina de coser?
¿De cómo pretendía  también
tocar el piano?
¿Los vi en blanco y negro
mirando hacia ese rincón?
¿Acaso ese gigante, las balerinas
y la música clásica
se me presentaron
como una revelación
mientras dormía?

Magia.
Infancia.
Inocencia.


Tal vez la historia de un padre que reía
entre rayos de bicicletas,
que se aferró toda la vida
a ese genuino~ ingenuo deseo
viene a hacerme acordar
mis sueños de niñez
y puedo evocar, sin conocer el origen,
mis piecitos queriendo bailar
y mis manos, también pequeñas,
pretendidas ejecutoras del instrumento
aunque nunca hubiera visto uno.
Sin embargo, un sueño
me fue cumplido temprano,
sólo uno,
de la  mano de ese otro soñador,
mi antecesor,
que en un ámbito casi vedado,
al fondo, como por fuera de la casa,
Dibujo Tolhuin~ Diseño marciano
armando y desarmando, armaba.

Un tercer sueño
alcanzado en el instante
de hacer equilibrio sobre dos ruedas.

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