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...o këmamëll, voz mapuche: "corazón del árbol", el centro, el meollo...
[Foto: Algarrobo en Raco, provincia de Tucumán]

viernes, 14 de diciembre de 2018

Teuco

UN PÁJARO

Para descreer de los pájaros
debes primero tocar un pájaro

su sonido
es más pájaro que él
pero su ficción más verdadera:
hizo un cuerpo

un instante

tócalo:
lo que llamamos nunca
es la primera superficie.

Leopoldo Castilla.



http://el-placard.blogspot.com/2012/05/poemas-de-leopoldo-castilla.html
http://tumaskota.com/casabello/portfolio/leopoldo-teuco-castilla-argentina/


SOBRE EL AMOR

No creas que tu amor
depende de ti o de ella
de lo que sienten o ven o sueñan
hay metales, movimientos
campos de fuerza
cuya acción no empieza nunca
actos virtuales
que te despedazarían

en algún lugar
esas materias
esos instantes que contienen lo inverso
libran una batalla

los que se aman
han sobrevivido.

Leopoldo Castilla.

martes, 11 de diciembre de 2018

martes, 13 de noviembre de 2018

Trilogía por bosque.

Para Alejandra.

Algo como un murmullo,
sinfonía marrón de los crujidos.
Arrullo ancestral.

Tapiz milenario.
Recovecos y sombras entornadas,
refugio de calores y olores
desperezándose en mediodías.

Recuerdos del desprendimiento.
Dos veces libre la caída:
hacia el centro de gravedad
y en danza con el viento.

Acopio.
Acarreo.
Algo como huellas de la última savia.
Viaje de regreso a lo escondido.
Ofrenda nutrida y nutricia.
Memoria vegetal, alimento circulatorio.

Algo hay además de muerte.
Algo, además de vida.
Algo en las hojas secas del parque.
Septiembre 25
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Para Melina.

He vuelto al parque
después de un tiempo
y he vuelto con los versos
de Mel en la memoria.
Versos para los árboles
de la vereda, los plantados
para que mueran, los cercados
por "baldosas siniestras".

He vuelto con el recuerdo
de la última pregunta
de mi corazón aquí nacida
y con la angustia y el poema
de la ausencia.

Parque de un árbol aquí
y otro allá;
alguno nativo, otro exótico.
Sin canteros que los limiten
pero aislados unos de otros.
Algunas hileras interrumpidas
por senderos de cemento.
Añosos, frondosos,
sin arbolito pequeño que proteger.
¿Tocarán sus raíces entre ellos
como me contaron
que en el monte hacen?
Octubre 16
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Para Myrian y Lucía.

Dos mujeres que amo
así, como de la nada,
empezaron a hablar
del día en que los árboles
van a tomar la ciudad,
van a saludar con sus raíces
desde las grietas del cemento,
raíces en trama interminable
con otras y otras y otras.
-Va a ser una rebelión amorosa,
ya lo estoy viendo-, dijo una de ellas
con la sonrisa más pícara que le vi
hasta ahora.
A la segunda le brillaban los ojos
más de lo normal.
Y yo les creo. Creo en sus palabras,
en sus miradas y en sus risas.
¿Cómo no les voy a creer si son
parte del bosque, si nacieron allí,
si son árboles nativas y guardianas
de la vida?
¿Cómo no creerles si echan sombra y protegen,
abrazan y brillan,
son rama y refugio de pájaros
y son mujeres que amo?
Noviembre 13
Foto Tolhuin. Árbol Tipa en Amaranto~Raco~Tucumán.


domingo, 27 de mayo de 2018

Vereda de un barrio de un día cualquiera.

El poeta nos dijo:

-Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor-.

A lo que nosotros respondimos:

-No tenemos balcones aquí pero tanto amamos las plantas y amamos el ave que mirá lo que pasó. Hacé click en la foto, Baldomero:
















miércoles, 23 de mayo de 2018

Bienteveo.

Espero porque se me ocurre que los pájaros van a venir por la noche a decirme algo.
Tal vez sea porque estuve pensando en ellos todo el día, persiguiéndolos despacito para tomarles fotos u observando sus comportamientos.
Mi amiga tiene fascinación por fotografiarlos en vuelo pero yo prefiero captarlos cuando se acercan lo suficiente. Así que mientras ella sale corriendo detrás de los que huyen me siento sigilosamente a esperar. Y espero.
Hoy, en ese banco viejo de la Casa de la Memoria se posaron todos los de nombre conocido para mí. Venían por turnos y a veces se interrelacionaban, aunque más no sea para echarse unos a otros.
Fue hermoso como transcurrió el tiempo sin que me diera cuenta, viendo revoloteos, búsquedas de alimento en la tierra, escuchando trinos y lo que parecía "una protesta" en la voz de la calandria mientras saltaba del árbol al banco y de éste al suelo.
Me acordé de algo que leí una vez acerca de la inteligencia de las aves y de las redes que pueden llegar a formar, de sus emociones y sentimientos. Me acordé de los colibríes que anidaron en mi casa y de la visita a una laguna donde no me alcanzaban los ojos para tanta maravilla. Me acordé de Basilio Argimón hablando con los tordos y de las tres notas de un zorzal en la ventana al final del invierno.

Es hermoso el tiempo con los pájaros, dulce y sublime, y también nostálgico, ¿para qué negarlo?, sobre todo cuando aparecen como ahora, por la noche, para decirme algo.
Foto Tolhuin. Casa de la Memoria y  la Vida. Morón.


viernes, 18 de mayo de 2018

De llantos y otras voces.

v i e n t o   t i e r r a    f u e g o   a g u a
l l o r a    g i m e    g r i t a     s a n g r a

Hay un niño dormido 
en el regazo de la madrugada. 
Antes escuchó un cuento. 
Se arrebujó junto al fuego. 
Se hundió en su silencio.
El cuento sigue
y se transforma en canción,
luego en abejas,
luego en un único susurro
que apenas asoma en los labios.
Finalmente se va apagando 
y de todo se adueña el silencio.
La tierra está gimiendo,
Foto de Casa Fuentealba DVV abril 2018
el fuego lo está gritando,
el agua está sangrando,
el viento lo está llorando:
hay niños y niñas ahora mismo
arrebujados por el fuego,
hundidos para siempre 
en el silencio,
sin cuento de cuna, sin canción.



a m o r   s i n   p a l a b r a s

Procesión por dentro
en el final de una canción que nos zumba bajito
como abeja en peligro.
... si no hi ha pins,
no es fan pinyons, ni cucs ni ocells...
... del cielo lloverá sangre,
el viento lo está llorando...
Dar vuelta una página en la escena
con el cuidado que se tiene ante un niño dormido
en el regazo tibio de la madrugada.
... necesito silencio para escuchar a la tierra...
El susurro de un rito, un momento de devoción,
hace despegar apenas los labios
para el ceremonial instante sin tiempo
del grito profundo.

Después, el después.

Un gesto que antecede a la palabra justa.
La esperanza en un poema.
Culto por el fuego compartido.
... no queremos ni podemos
dejar que la canción se haga ceniza...
Y otra vez el revés del silencio.


martes, 1 de mayo de 2018

Los mártires de Chicago.

El 1 de Mayo no es un feriado más ni una fiesta. Lo estableció la Internacional Socialista en 1889 como jornada universal por las 8 horas de trabajo y en homenaje a los llamados "mártires de Chicago", Engel, Spies, Parsons y Fischer, ahorcados el 11 de noviembre de 1887. El patriota y literato cubano, José Martí, como periodista cubrió la noticia y su nota fue publicada por el diario La Nación de Buenos Aires el 1 de enero de 1888 y este es su relato.
José Martí / Escritor, poeta y político cubano
José Martí, el diario La Nación y el 1 de Mayo
«Y ya entrada la noche y todo oscuro en el corredor de la cárcel pintada de cal verdosa, por sobre el paso de los guardias con la escopeta al hombro, por sobre el voceo y risas de carceleros y periodistas, mezclado de vez en cuando a un repique de llaves, por sobre el golpeteo incesante del telégrafo que el Sun de Nueva York tenía establecido en el mismo corredor... por sobre el silencio que encima de todos esos ruidos se cernía, oíanse los últimos martillazos del carpintero en el cadalso. Al fin del corredor se levantaba el cadalso.
–Oh, las cuerdas son buenas: ya las probó el alcaide.
El verdugo habla, escondido en la garita del fondo, de las cuerdas que sujetan el pestillo de la trampa.
–La trampa está firme, a unos diez pies del suelo...
No; los maderos de horca no son nuevos; los han pintado de ocre para que parezcan bien en esta ocasión; porque todo ha de estar decente, muy decente... Sí, la milicia está a mano; y a la cárcel no se dejará acercar a nadie... De veras que Lingg era hermoso...
Risas, tabaco, brandy, humo que ahoga en sus celdas a los reos despiertos. En el aire espeso y húmedo chisporrotean, cocean, bloquean, las luces eléctricas. Inmóvil sobre la baranda de las celdas, mira al cadalso un gato... Cuando de pronto, una melodiosa voz, llena de fuerza y sentido, la voz de uno de estos hombres a quienes se supone fieras humanas, trémula primero, vibrante en seguida, pura y luego serena, como quien ya se siente libre de polvos y ataduras, resonó en la celda de Engel, que, arrebatado por el éxtasis, recitaba El tejedor, de Enrique Heine, como ofreciendo al cielo el espíritu, con los dos brazos en alto:
"Con los ojos secos, lúgubres, ardientes,
rechinando los dientes,
se sienta en su telar el tejedor;
¡Germania vieja, tu capuz zurcimos!
Tres maldiciones en la tela urdimos;
¡Adelante, adelante el tejedor!
Maldito el falso Dios que implora en vano
en invierno tirano
muerto de hambre el jayán en su obrador;
¡En vano fue la queja y la esperanza!
Al Dios que nos burló, guerra y venganza.
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Rey del poderoso
cuyo pecho orgulloso
nuestra angustia mortal no conmovió!
¡El último doblón nos arrebata,
y como a perros luego el Rey nos mata!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Estado en que florece,
y como yedra crece
vasto y sin tasa el público baldón;
donde la tempestad la flor avienta
y el gusano con poder se sustenta!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Corre, corre sin miedo, tela mía!
¡Corre bien, noche y día!
Tierra maldita, tierra sin honor,
con mano firme tu capuz zurcimos;
tres veces, tres la maldición urdimos:
¡Adelante, adelante el tejedor!'
Y rompiendo en sollozos, se dejó Engel caer sentado en su litera, hundiendo en las palmas el rostro envejecido. Muda lo había escuchado la cárcel entera, los unos como orando, los presos asomados a los barrotes, estremecidos los periodistas y los carceleros, suspenso el telégrafo, Spies a medio sentar, Parsons de pie en su celda, con los brazos abiertos, como quien va a emprender vuelo.
El alba sorprendió a Engel hablando entre sus guardas, con la palabra voluble del condenado a muerte, sobre lances curiosos de su vida de conspirador; a Spies, fortalecido por el largo sueño; a Fischer, vistiéndose sin prisa las ropas que se quitó al empezar la noche para descansar mejor; a Parsons, cuyos labios se mueven sin cesar, saltando sobre sus vestidos, después de un corto sueño histérico.
–¿Oh, Fischer, cómo puedes estar tan sereno, cuando el alcaide que ha de dar la señal de tu muerte, rojo por no llorar, pasea como una fiera de alcaidía?
–Porque –responde Fischer, clavando una mano sobre el brazo trémulo del guarda y mirándole de lleno en los ojos– creo que mi muerte ayudará a la causa con que me desposé desde que comencé mi vida, y amo más que a mi vida misma, la causa del trabajador; y porque mi sentencia es parcial, ilegal e injusta.
–Pero Engel, ahora que son las 8 de la mañana, cuando ya sólo te faltan dos horas para morir, cuando en la bondad de las caras, en el afecto de los saludos, en los maullidos lóbregos del gato, en el rastreo de las voces, y los pies, estás leyendo que la sangre se te hiela, ¿cómo no tiemblas, Engel?
–¿Temblar porque me han vencido aquéllos a quienes hubiera querido yo vencer? Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallado ahora con morir, para crear un mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? ¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella? ¡No, alcaide, no quiero droga; quiero vino de Oporto!–. Y uno sobre otro, se bebe tres vasos...
Spies, con las piernas cruzadas, como cuando pintaba para el "Arbeiter Zeitung" el universo dichoso, color de llama y hueso, que sucedería a esta civilización de esbirros y mastines, escribe largas cartas, las lee con calma, las pone lentamente en sus sobres, y una y otra vez deja descansar la pluma para echar al aire, reclinado en su silla, como los estudiantes alemanes, bocanadas y aros de humo. ¡Oh Patria, raíz de la vida, que aun a los que te niegan por el amor más vasto a la Humanidad, acudes y confortas, como aire y como luz por mil medios sutiles! "Sí, alcaide –dice Spies–, beberé un vaso de vino del Rin".
Fischer, cuando el silencio comenzó a ser angustioso, en aquel instante en que en las ejecuciones como en los banquetes todos los concurrentes callan a la vez como ante solemne aparición, prorrumpió iluminada la faz por venturosa sonrisa, en las estrofas de La Marsellesa que cantó con la cara vuelta al cielo... Parsons, a grandes pasos mide el cuarto..., vuélvese hacia la reja..., gesticula, argumenta, sacude el puño alzado, y la palabra alborotada, al dar contra los labios, se le extingue como en la arena movediza se confunden y perecen las olas.
Llenaba de fuego el sol las celdas de los cuatro reos, cuando el ruido improviso, los pasos rápidos, el cuchicheo ominoso, el alcaide y los carceleros que aparecen a sus rejas, el color de la sangre que sin causa visible enciende la atmósfera, les anuncian lo que oyen sin inmutarse, ¡que es aquélla la hora!
Salen de sus celdas al pasadizo angosto. "¿Bien?". "¡Bien!". Se dan la mano, sonríen, crecen: "Vamos".
El médico les había dado estimulantes. A Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero; les echan por sobre la cabeza, como la túnica de los catecúmenos cristianos, una mortaja blanca; abajo, la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso, ¡como en un teatro!
Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcaide, lívido; al lado de cada reo marcha un corchete. Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiéndose el sayón incómodo con los talones. Parsons, como si no tuviese miedo a morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas.
Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza; el de Parsons, orgullo rabioso; a Engel, que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons; les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas. Y resuena la voz de Spies, mientras está cubriendo la cabeza de sus compañeros, con un acento que a los que le oyen les entra en las carnes; "La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora". Fischer dice, mientras el vigilante atiende a Engel: "Este es el momento más feliz de mi vida". "¡Hurra por la anarquía!", dice Engel, que había estado moviendo hacia el alcaide las manos amarradas bajo el sudario. "Hombres y mujeres de mi querida América...", empieza a decir Parsons... Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa; Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere; Engel se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como una marejada, y se ahoga; Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborilea; y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores».
Fuente: revista elarcadigital

lunes, 26 de febrero de 2018

Certeza.

Cuando el swāmī preguntó: -¿A quién le gusta que lo traten con afecto?-, todos levantaron la mano sin dudar.

El amor, entonces, se hizo infinito.

De los videos para escuchar.


martes, 20 de febrero de 2018

Mandalas y serpientes.

Estuve de viaje por mar
y por tierra,
en la soledad de los timones 
y en el labrado de huellas,
capitana del manillar
de la infancia.
Estuve de viaje en una página o dos;
titilante al ritmo de estrellas
en la madrugada, viva 
como un cometa.

Y en un punto irrompible
Foto Tolhuin. Río desde el aire.
que se dejó rodear en espiral
y desandar 
como en un descubrimiento
interminable,
estuve con el fuego que subía
hacia la cara.
De viaje, sí, en los crujidos
de una puerta antigua
o en los de una rama
que al fin se conjugaron
para la misma sinfonía.

Estuve y estoy "a pesar de"
y ciertamente en ellos:
los naufragios.


Cómo vuelvo.

miércoles, 31 de enero de 2018

Atahualpa.

La imagen puede contener: una o varias personas y gato
¡Feliz cumpleaños!
En casa te escuchamos todos.